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Inseguridad retoma control de la frontera en Sixaola Policía ni siquiera tiene una patrulla para recorrer zona considerada claveAutoridades abandonaron patrullaje de 34 km del río Sixaola Otto Vargas M. ovargas@nacion.com Sixaola, Talamanca. A Zurdo –un hombre de apellido Crispín– la vida le fue arrebatada de forma violenta, una noche a finales de noviembre en este distrito. Un grupo de matones lo atacó a golpes en su casa hasta dejarlo irreconocible. Los asesinos le dispararon varias veces antes de quemar la vivienda. “El pueblo tiene miedo. Aquí a tres o cuatro (vecinos) se la tienen jurada”, contó con preocupación el comerciante José Parra.
Apenas días antes del incidente, dos furgones que movilizaban un cargamento de 475 kilos de cocaína pasaron por ese puesto fronterizo sin ser detectados. El martes pasado, a vista y paciencia del pueblo, dos jóvenes se trenzaron en una golpiza que hizo correr la sangre. La Policía nunca llegó. Para los vecinos de este distrito talamanqueño –al extremo sur de Limón– es difícil pensar que hace menos de un mes la Fuerza Pública mandaba ahí. En mayo, en respuesta a una orden del ministro de Seguridad Pública, Fernando Berrocal, 30 zapadores –buscadores de minas en la frontera norte– asumieron el patrullaje por tierra y por agua (en 34 km del río Sixaola). “El país no puede darse el lujo de tener una frontera débil y abierta al tráfico ilegal de personas, drogas y armas”, comentó en esa oportunidad el Ministro.
Empero, hace pocos días el equipo de zapadores fue retirado de la zona. Los pocos hombres destinados al comando trabajan ahora en condiciones precarias, según constató un equipo de La Nación que entre el martes y el miércoles visitó la zona. Con las uñas. En este comando no hay patrullas; los cuatro carros que tuvieron a su disposición los oficiales pertenecían a los zapadores... y con ellos se fueron. “Caminamos todos los días casi dos kilómetros (desde el comando) hasta la caseta del puente del río Sixaola porque no hay en qué nos vengan a dejar. “Así hay que hacerlo ya sea de madrugada, que llueva o bajo el sol”, contó uno de los policías. A falta de patrullas, los agentes se movilizan mediante “aventones”. Así han tenido que movilizar desde inmigrantes hasta sospechosos de delitos “porque no hay en qué transportarlos”.
La delegación apenas cuenta con una motocicleta, vehículo insuficiente para cuidar los 237 km cuadrados del distrito, así como los 12 pasos vehiculares que comunican al río Sixaola con la carretera principal. Los zapadores se encargaban de patrullar el río. Ahora no hay quien haga esa tarea. El botero Elmer Torres viaja de forma ocasional de Bambú a Sixaola para cruzar personas entre los dos países. Por día dice transportar de dos a tres grupos de extranjeros (no mayores de cuatro personas), de quienes sospecha carecen de documentos migratorios. “La verdad es que uno ni les pregunta de dónde vienen; mi trabajo es transportar personas. “En ocasiones vienen chinos, pero sobre todo colombianos. La policía tica estuvo patrullando el río, pero de un pronto a otro se desapareció”, lamentó.
Pocos hombres. Pese a la importancia estratégica de Sixaola (el segundo paso después de Paso Canoas), la mano de obra policial se cuenta con los dedos. El jefe de ese comando, capitán Danilo Rodríguez, reconoció que los hombres –menos de 10 por turno– apenas le alcanzan para cubrir algunos puestos. Empero, el viceministro de Seguridad Pública, Rafael Gutiérrez, advirtió que en gran medida el faltante obedece a una mala distribución del personal. Eso ha incidido en que rara vez haya policías a pie por el pueblo. Además los puestos de Paraíso y Olivia cerraron sus puertas, pues no hay agentes para atenderlos. El retén que funcionaba frente al comando se trasladó 100 metros, frente a la salida de dos calles utilizadas por “coyotes” para movilizar indocumentados. Ahí los agentes –con frecuencia apenas alcanza para apostar uno– tienen sus propias dificultades. El lugar carece de luz y aunque los policías tienen focos, no les suministran baterías. “Cuando se acerca un carro, quedamos encandilados. Ni siquiera podemos ver cuántas personas vienen o tan siquiera el color del carro”, señaló otro policía. Los agentes, quienes ni siquiera disponen de chalecos antibalas, quedan empapados de paguicidas cuando las avionetas sobrevuelan para fumigar la finca Sixaola 3.
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