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Cláusulas aclaratorias Armando González agonzalez@nacion.com Si las cláusulas interpretativas aprobadas por la comisión encargada de tramitar el TLC suenan a absurdo, hay una buena razón. Están diseñadas para responder a las críticas igualmente absurdas en que algunos sectores fundan su oposición al Tratado. Sería difícil comprender el sentido de una cláusula interpretativa que proclama la primacía de la Constitución Política sobre el TLC, a no ser por los grupos empeñados en sostener que el Tratado se le impondrá a la Carta Magna. Para erradicar esas distorsiones, las bancadas legislativas partidarias del TLC optaron por no discutir y, simplemente, incorporarlas a la aprobación del Tratado. Esos legisladores saben que la moción es superflua, porque la crítica no es cierta. Por esa misma razón, ningún daño se hace al aprobarla. Si la crítica fuese cierta, los opositores del TLC contarían con un instrumento eficaz para discutir, en el futuro, la validez del trámite. El Congreso aprueba el TLC en el entendido de que la Constitución no le queda subordinada. Si el día de mañana se quiere hacer valer lo contrario, será fácil demostrar la auténtica voluntad del legislador. Por supuesto, las cláusulas no podrán ser invocadas frente a terceros países, pero eso no les resta eficacia interna. En este sentido, las cláusulas interpretativas, aunque superfluas, son válidas. Quienes las promueven están poniendo al TLC a decir lo que dice, no lo que sus opositores quieren que diga, y lo hacen a riesgo de abrir un flanco que los adversarios del acuerdo seguramente aprovecharán si sus tesis encuentran asidero en el futuro. “A buen pagador no le duelen prendas”, parecen decir los defensores del TLC, pero los adversarios no se dan por complacidos. Unos niegan validez a las cláusulas, haciendo caso omiso de su utilidad si fuera necesario demostrar un vicio en la voluntad legislativa. Otros afirman que constituyen un reconocimiento de los problemas del TLC, es decir, insisten en que el Tratado tendrá primacía sobre la Constitución, u otras críticas, pero les molesta la aprobación de una cláusula interpretativa en sentido contrario e ignoran el riesgo para el TLC si sus críticas llegaran a tener fundamento. La contradicción más sobresaliente es la presentación de cláusulas interpretativas por los partidos que insisten en negarles importancia. Esa actitud solo puede ser calificada de filibusterismo.
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