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Los pequeños dictadores Wilbert Arroyo Álvarez Catedrático, UCR El poder perpetuo o absoluto se manifiesta cuando se tiene, con visos de legalidad, un cargo desde donde se ejerce la suprema autoridad, para bien o para mal, pero no deja de ser corrupto en tanto antidemocrático pues impide que otros dirijan lo que, en la mente de los detentadores de ese poder, consideran propio y de nadie más. El poder a perpetuidad, en el ámbito estatal se conoce como dictadura, despotismo, autarquía, entre otras denominaciones y se vuelve hereditaria –familiar o partidista–, a imitación de los regímenes que, en sus inicios, confrontaron para derrocar. Tal es el caso de la Cuba de Fidel Castro, octogenario dictador que está en el poder desde 1959; hace 47 años. O el caso de Hugo Chávez, que secunda a su mentor, ya con casi una década en el poder y quien se despezuña por perpetuarse. Otros ejemplos del poder perpetuo son los que se ejercen en órganos no estatales, como algunos sindicatos públicos, cuyos “líderes” se entronizan en sus cargos. Ni a palos. En Costa Rica no faltan este tipo de “líderes” que una vez que llegan al más alto cargo de un sindicato no lo sueltan “ni a palos”, pues el poder les da la oportunidad de mando absoluto y a oponerse a los gobiernos democráticamente electos por la mayoría de los ciudadanos. Hay varios ejemplos de estos “dictadores sindicales” que son conocidos, precisamente, por mantenerse en la cúpula del poder, perpetuamente, utilizando todo tipo de maniobras, sin importarles los medios con tal de obtener el fin de hacer suyo el cargo, cual los “dictadorzuelos” que suelen imitar y alabar como dioses. Esos son los que se autoproclaman defensores del “pueblo” trabajador, pero que ni trabajan como el pueblo que dicen defender ni tienen las necesidades económicas de quienes estiman su razón de ser. Los que sí trabajan. En general, estos líderes sindicales, además de ganar sus altos salarios de burócratas sin mover un dedo, reciben pagos del ente sindical, de las cuotas que deducen de los salarios de los trabajadores públicos, quienes sí trabajan. Es decir, mientras los “líderes sindicales” se “la tiran rico”, pues lo que deben hacer es usar sus malformaciones ideológicas para vociferar contra todo, instigar a la rebelión con hueca palabrería y bloquear cuanta calle pueden, los demás, los funcionarios públicos de verdad, deben jorobarse trabajando y sacando la tarea de quienes siempre les llega la platita, sin más que no hacer nada. Por ello decía Lord Acton que “El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Sin embargo, otro aristócrata, Lord Harris, discrepó y dijo: “El poder corrompe, pero el poder absoluto es delicioso”… pero solo para algunos, debería agregarse.
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