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Elecciones municipales y apatía

La contienda electoral municipal revela la importancia de los asuntos públicos locales

Ronald Alfaro Redondo
Politólogo

A inicios del siglo XX, en Costa Rica las elecciones municipales se realizaban anualmente. La reforma electoral de 1913 modificó el sistema y pasó a ser cada 2 años, lo que se prolongó hasta 1946. La Constitución de 1949 y el Código Electoral optaron por concentrar la designación de todas las autoridades municipales en un mismo día. Esto se rompe con el Código Municipal de 1998, que separa las elecciones de alcaldes, síndicos y concejales de distrito. Así, la sociedad se apresta a nombrar 81 alcaldes, 162 alcaldes suplentes, 938 síndicos municipales, 3.752 concejales de distrito y 8 intendentes: un total de 4.941 cargos.

Desde una perspectiva de fortalecimiento de la democracia, estos comicios se pueden considerar como un avance, pero al menos tres factores estructurales determinan los alcances del proceso: Primero, el carácter centralista del Estado ha relegado a las municipalidades a un papel menos protagonístico, con limitadas atribuciones y escasos recursos. Segundo, al tratarse de una elección desprovista de financiamiento estatal, los partidos y sus candidatos se ven obligados a hacer frente a la campaña con fondos propios o, en el peor de los casos, ser objeto de ofrecimientos de dinero “interesado” en la política. Finalmente, los partidos sufren debilitamiento orgánico y funcional, agudizado por la débil militancia partidaria con la que afrontan una contienda electoral de carácter territorial y no mediática.

En Latinoamérica, los gobiernos locales están compuestos por un órgano ejecutivo (alcalde) y un órgano deliberativo (concejo) en el que se toman las decisiones. En Costa Rica, las autoridades municipales se eligen para 4 años, como en Ecuador, Colombia, Chile, Guatemala y Honduras. El número de concejales por ayuntamiento (mínimo 5 y máximo 13) es similar al de Bolivia, pero inferior al de Colombia. Los alcaldes y regidores pueden postularse a la reelección en sus cargos de manera indefinida, como en El Salvador, Ecuador y Chile.

Elementos diferenciadores. Pese a que los gobiernos locales costarricenses comparten características con sus homólogos regionales, existen dos elementos diferenciadores. Nuestro sistema político no cuenta con cargos de elección popular a nivel intermedio (región o provincia). En su lugar, los ciudadanos eligen representantes a una escala menor que el municipio: el distrito. Por otra parte, no existe ningún país en la región en el que se designen autoridades municipales con desfases temporales como en Costa Rica: los regidores en febrero y los alcaldes en diciembre. Esto origina precisamente que el alcalde tome posesión 10 meses después de instalado el concejo.

Los resultados de las primeras elecciones municipales, en el 2002, permiten identificar un patrón de comportamiento electoral propio, caracterizado por aspectos como alto abstencionismo, marcado carácter urbano y menor inclinación de las mujeres a votar. El 77% de abstencionismo registrado en el 2002 fue más del doble del de febrero de ese año. La participación fue menor en comunidades urbanas, en particular en cantones como Heredia, Goicoechea y Desamparados. Además, en el 2002 las mujeres votaron menos que los hombres, pese a que desde 1994 las mujeres participan más.

La contienda electoral municipal es un “termómetro” de la importancia de los asuntos públicos locales. De ahí la importancia de participar en estas elecciones municipales. La participación electoral no resuelve problemas de fondo del régimen municipal, pero sí contribuye a fortalecer la institucionalidad política local y a los partidos políticos.

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