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Comentario del evangelio: ¿Y a quién vamos a ir? El texto del evangelio de hoy es un texto que ha de decirnos mucho a todos. El evangelista nos hace ver cómo las palabras de Jesús generan una reacción muy concreta: escándalo de incrédulos. El discurso acerca del pan de vida que hemos venido leyendo de seguido en los últimos domingos y las referencias que Jesús ha hecho en torno al dato de que él viene de lo alto, han generado reacciones adversas. Queda muy claro que sólo por atracción del Padre y como un don del Espíritu es posible aceptar las duras palabras del Maestro y obtener de ellas todo su efecto vivificante. Dentro de los escuchas y por primera vez en su evangelio, Juan hace notar la presencia de los Doce dentro del grupo de los discípulos. Y el Señor extiende el reto hasta ellos mismos. Les lanza una pregunta áspera. Los pone ante la necesidad de definirse. En el cierre de la narración que la Iglesia nos propone hoy para la reflexión, aparece una escena que en los escritos joánicos ocupa el lugar que en los sinópticos ocupa la confesión de Pedro. El apóstol hace aquí una profesión de fe ("tu tienes palabras de vida eterna", v.68) y pronuncia un título de Jesús, llamándolo "Consagrado", "Mesías" o "Ungido". Así el autor sagrado sugiere lo peculiar de la fe de los discípulos: aún no conocen a Cristo en toda su plenitud pero están en camino de este conocimiento, pues no sólo han sido testigos de la presencia y quehacer de Jesús sino que también han creído en él. De aquí la trascendencia de ese " tu es Sanctus Dei" de la confesión petrina que miramos a Juan poner hoy en boca de Pedro. Me detengo brevemente y para terminar en las palabras de Pedro en nombre de los demás apóstoles y que ya anotábamos: "tu tienes palabras de vida eterna". Y en otras inmediatamente anteriores a estas: "¿a quién vamos a acudir?". Una reacción de Pedro ante la fuerte interpelación de Jesús: "¿También vosotros queréis marcharos?" (v.67). El mensaje del Señor es duro. Y nótese que en ningún momento Jesús se preocupa por ello ni se esmera por suavizarlo. Es como es. Sencillamente es así y punto. Ni más ni menos. En estos tiempos de sentimientos, de deseos de quedar bien con todos y de no exigir nada a nadie, las palabras de Jesucristo siguen siendo duras y las reacciones no siempre son las que se esperarían. Curiosamente las cosas son como son. Y seguramente hoy como ayer, la reacción del Maestro habría sido la misma y le oiríamos decir algo como "-Lo que dije es lo que dije y ustedes deciden.si quieren se quedan, pero si no, la puerta está abierta para quien, sin audacia y fortaleza, quiere vivir la vida a medias". P. Mauricio Víquez Lizano.
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