|
|
|||||
|
|
Zapatero, ¡a tus zapatos! Si quien mucho habla, mucho yerra, sucede igual con quien escribe sobre muchas cosasOfelia Taitelbaum Diputada del PLN Cada profesión tiene su ciencia y sus riesgos, y la del periodista no es la excepción. Debe ser más fácil cuando la obligación de producir materiales publicables está limitada a un tema particular, y mucho más difícil cuando se está obligado a producir sobre temas de la más diversa naturaleza. Por eso, el oficio de columnista no es fácil. Si de quien mucho habla, se dice que mucho yerra, de quien mucho escribe sobre muchas cosas no se ha de decir menos. Supongo que algo de esto debió entrar en consideración para que don Edgar Espinoza dejase de publicar sus columnas varias veces por semana y pasara a ser responsable de una sola columna semanal. A mí me parece que don Edgar se desempeña mucho mejor en broma que en serio. Cuando se arriesgaba a escribir por igual sobre el mundo, política nacional, futbol, religión y sexo, se exponía demasiado. Entonces, le llamaban la atención las autoridades eclesiásticas, las mujeres conscientes de sus derechos y también quienes advertían xenofobia o irreverencia en sus textos. Ahora, cuando tiene siete días para rumiar sus columnas, me gusta más, siempre y cuando se quede en el ámbito de lo jocoso, de las angustias del envejecimiento y sus congojas frente al refrigerador, cuando nos cuenta sus peripecias de aeropuerto o cuando hace sociología "light" sobre los pasajeros del autobús. "Pichuleos y tanteos". Al igual que muchos de sus lectores, me desilusiona cuando abro el periódico y me lo encuentro con pose seria, con gesto grave o con talante de analista político, porque entonces no deja que se manifieste su ingenio. Por parecer crítico o analista, empaña su fino ánimo chusco, que cede ahora ante las tentaciones hepáticas. Precisamente eso sucedió con su columna del sábado 19, dedicada a los cien primeros días de la administración Arias Sánchez. Resumir el quehacer gubernamental en "pichuleos y tanteos" ni dice nada serio ni tampoco es suficientemente jocoso para merecer una sonrisa. Lo mismo pasa con las escenas imaginarias donde los hermanos Arias se reparten las tareas. ¿Buscan ser ironías finas? No lo son. Ni qué decir de la imagen de África y el preservativo, ¡bastante desventurada! El resto es una amargura familiar, que alcanza su máxima expresión en el señalamiento de que el dicho presidencial "es mejor transigir que discrepar" (si no me equivo-co, lo que dice el Presidente es que "se necesita más valor para coincidir que para discrepar") es "uno de sus tantos de-la-boca-p'a-fuera" (sic). Poca elegancia, don Edgar. De nada vale para el columnista la insistencia del mandatario en que su atención está concentrada en la agenda nacional y no en la internacional. Don Edgar se debate con sus propios fantasmas. Eso no es lo propio del analista que, dicho sea de paso, Espinoza no es. Ottón Solís. En su preocupación constante por mantenerse juvenil, el columnista se refiere al Ministro de la Presidencia como "el buenazo de Rodrigo". No recuerdo haber visto en la Página 15 mayor muestra de pueril irrespeto. Tampoco le faltan las mentiras. Dice, por ejemplo, don Edgar que el Presidente no ha querido reunirse con don Ottón Solís. ¿Será que yo me soñé la reunión del 23 de marzo, o la reciente visita del Ministro de la Presidencia a casa de don Ottón? Don Edgar le hace más caso a su hígado que a su memoria. Termina la columna de pretendido análisis con la afirmación de que don Edgar no ha sentido diferencia entre el gobierno de don Abel Pacheco y el de don Óscar Arias. Es de suponer la buena opinión que le merece al columnista la gestión de don Abel. Pero, bueno, confiemos en que vuelva don Edgar a deleitarnos con su humor inconfundible y frívolo, que tan bien condimenta las mañanas de los sábados. Añoro su picardía sobre las bañeras de los clubes nocturnos o sobre el pánico existencial de los hombres al comprar pastillas para la impotencia, y ni qué decir de sus juegos sobre una reunión de prostitutas en La Catalina. Allí es donde se manifiesta todo el talento de don Edgar Espinoza. Ah, y, si de joyas se trata, no podemos olvidar los diálogos entre Zopi y Zonchi, aquellos simpáticos zopilotes frutos de su ingenio.
|
Enlaces comerciales: |
|||
|
© 2006. GRUPO NACIÓN GN, S. A. Derechos Reservados. Cualquier modalidad de utilización de los contenidos de nacion.com como reproducción, difusión, enlaces informáticos en Internet, total o parcialmente, solo podrá hacerse con la autorización previa y por escrito del GRUPO NACIÓN GN, S. A.
Si usted necesita mayor información o brindar recomendaciones, escriba a webmaster@nacion.com Apartado postal: 10138-1000 San José, Costa Rica. Central telefónica: (506) 247-4747. Servicio al cliente: (506) 247-4343 Suscripciones: suscripciones@nacion.com Fax: (506) 247-5022. CONTÁCTENOS |