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Sala de Redacción Hillary Clinton y sus ambiciones "nada" secretas Por Teresa Bouza 10:09 AM hora local Washington (EFE). Las hipótesis sobre las ambiciones presidenciales de Hillary Clinton no son nada nuevo y sus actos sugieren que está lista para la pelea de su vida: la lucha para convertirse en la mujer más poderosa del planeta. Desde hace unos cuatro años el tema es objeto permanente de encuestas de opinión, debates televisivos y artículos periodísticos. Pero un par de acontecimientos recientes hacen que la posible candidatura de Hillary a las presidenciales estadounidenses del 2008 por el partido de la oposición demócrata cobre más relevancia que nunca. Uno de esos hitos es el sondeo que acaba de sacar a la luz la revista "Time", en el que la senadora por Nueva York -portada del último número de la publicación- sale muy bien parada. La encuesta de "Time" -que da por hecho que Hillary competirá por la Casa Blanca- indica que el 53 por ciento de los estadounidenses tiene una percepción favorable de la ex primera dama y adelanta unas presidenciales muy reñidas si se bate con el senador por Arizona John McCain, favorito republicano para el 2008. Según la encuesta, McCain aventaja a la senadora demócrata en sólo dos puntos. A la portada de "Time" se suman las recientes elecciones para designar al candidato demócrata al Senado por el estado de Connecticut, en las que Ned Lamont -un advenedizo en la política- derrotó al histórico Joe Lieberman al convertir su oposición a la guerra de Irak en el pilar de su victoria. Ese triunfo ha sido interpretado por distintos observadores como sintomático de un cambio de poder en las filas demócratas y coloca a la potencial presidenciable en una difícil situación ya que, al igual que Lieberman, Hillary respaldó la guerra de Irak. La victoria de Lamont confirma también el peso de las bases y de los activistas virtuales, que irrumpieron con fuerza en la escena política en el 2003 durante la campaña a la candidatura presidencial por el Partido Demócrata del ex gobernador de Vermont Howard Dean. Por lo demás, lo ocurrido en Connecticut ha hecho que la postura de Hillary sobre Irak regrese a un primer plano, un asunto que promete ganar aún más protagonismo a medida que se aproximan las elecciones de noviembre en las que se renovará parte del Congreso. Hillary, de momento, se ha dedicado a oír, ver y callar. A las preguntas de sus planes para el 2008 responde que está concentrada en su reelección para el Senado. Pese a esa esquiva respuesta, su agresiva recaudación de fondos electorales -más de 33 millones de dólares- y su cada vez más abultado equipo de asesores dejan entrever ambiciones más grandiosas que las de un escaño en el Senado. En el asunto de Irak, Hillary también lanza balones fuera, al negarse a mantener un debate con Jonathan Tasini, su adversario en las primarias demócratas por el estado de Nueva York, un líder sindicalista y activista antibélico. Maniobras recientes parecen indicar, de todos modos, que ha captado el mensaje de Connecticut. Entre las más obvias está el inquisitivo interrogatorio al que sometió al secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, durante una comparecencia reciente ante el Comité de Servicios Armados del Senado para hablar sobre la guerra en Irak. La ex primera dama llegó incluso a decir que Rumsfeld debería dimitir por sus errores de cálculo en el país árabe. John Pitney, profesor de ciencias políticas de la Universidad Claremont McKenna (California), piensa que esa apuesta es adecuada. "Creo que lo más razonable, dado que apoyó la guerra en Irak, es que se dedique a criticar la marcha del conflicto y a hacer hincapié en los errores logísticos", dijo a EFE Pitney. Al igual que la mayoría de analistas, el académico dice estar convencido de que Hillary será la candidata demócrata y destaca que su enorme poder polarizador es su as en la manga y, también, su talón de Aquiles. Esa capacidad para levantar pasiones encontradas quedó clara en la encuesta de "Time", en la que sólo un tres por ciento dijo no tener una opinión positiva o negativa sobre ella. Con ese panorama, es probable que necesite de los sabios consejos de su asesor más cercano: el también amado y odiado Bill Clinton.
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