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En Guardia Jorge Guardia Quirós jguardia@nacion.com Al estallar el conflicto en Líbano, el precio del petróleo (WTI) se disparó a más de $78 por barril. Luego, al aprobar las Naciones Unidas el cese del fuego, cayó, abruptamente, a menos de $70 por barril. Los consumidores respiraron. Hasta Recope se atrevió a solicitar una rebaja. Pero, luego, ha comenzado a subir. ¿Por qué? Para los fríos analistas de los mercados internacionales, la guerra se reduce a responder unas pocas preguntas básicas: ¿A quiénes involucra verdaderamente el conflicto? ¿Quiénes van ganando (o perdiendo)? ¿Cuán sólido (o frágil) es el cese del fuego? ¿Habrá paz en el Medio Oriente? ¿Se estabilizarán los precios del crudo? La guerra no solo se libra entre Israel y Hezbolá. Otros actores participan directa o indirectamente: Líbano, Irán, Siria, el pueblo árabe, la Unión Europea, ONU y, desde luego, EE.UU. Las respectivas posiciones son muy diversas. Y lo complican todo. A estas alturas, nadie puede afirmar quién va ganando. El cese del fuego emanado de la ONU es muy frágil y difícilmente se podrá sostener. Ya Israel incumplió (según el secretario general de la ONU) y sus dirigentes afirman estar preparándose para la próxima ofensiva. Por su parte, Hezbolá no piensa, en absoluto, desarmarse. Para los analistas europeos, mientras Israel no devuelva los territorios ocupados ni EE.UU. varíe su posición intransigente, no cesará el odio musulmán ni se podrá consolidar la paz. Para los americanos, en cambio, Hezbolá es un grupo terrorista común y debe desarmarse para evitar la proliferación a otras naciones árabes. Para ellos, la respuesta armada parece ser la única solución viable. Y no están dispuestos a exigirle a Israel la devolución de los territorios ni el cumplimiento de otras resoluciones de la ONU. ¿Cuál es el mensaje que recibe el mercado? Que la guerra en el Medio Oriente es un asunto mucho más complejo que el conflicto entre Hezbolá y las fuerzas armadas de Israel. También, que el cese de fuego no está cimentado en bases sólidas, pues es parcial y no contempla ninguna solución global ni involucra obligaciones concretas de todos los actores. Tampoco incluye la devolución de territorios ocupados ni la reparación plena a los afectados de los daños y perjuicios ocasionados por la guerra. Es de esperar que los ataques y contraataques continúen, sin descartar la generalización del conflicto. Y eso son malas noticias. Tampoco es de descartar que la producción y trasiego de combustibles se interrumpa en el estrecho de Ormuz, por donde transita un porcentaje elevado del crudo. Eso afecta la oferta. Y la demanda espera impaciente. Saquen Uds. sus propias conclusiones.
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