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Empuje al ferrocarril Víctor Hugo Murillo S. vhmurillo@nacion.com El ferrocarril está vivo; maltrecho, sí, pero se mueve. Cada día se agiganta más el grave error estratégico que significó el cierre de ese medio de transporte en nuestro país, decisión adoptada durante la administración Figueres Olsen y que le ha salido muy cara al país. Y es que la presencia del "caballo de hierro" no es meramente una cuestión de añoranza por los paseos a Puntarenas y Limón (me cuentan quienes viajaron al Caribe que era un trayecto espectacular, entre bananales, selva y tramos contiguo al río Reventazón). La importancia del ferrocarril adquiere ahora mayor tamaño para un país que, como el nuestro, ha visto encarecerse su factura petrolera en los últimos tres años, y esta tendencia muy probablemente continuará por cuanto no se vislumbra perspectiva alguna de que los precios internacionales se estabilicen y -ni soñar- que experimenten un descenso. Tampoco el consumo interno ha mostrado una merma que pudiese alentar alguna esperanza de ahorro. Aparte de esta coyuntura, es de sobra conocido el impacto del crecimiento del tráfico de vehículos pesados para el acarreo de buena parte de la carga que anteriormente se desplazaba por tren. Más camiones, más embotellamientos y también más huecos en las calles. Si quedara alguna duda de la necesidad del ferrocarril, es cuestión de preguntarles a empresas que actualmente se benefician con el servicio. Por ejemplo, en el Caribe, Dole moviliza el 35% de su producción bananera por ese medio, que también transporta el 80% del hierro. El ferrocarril en Costa Rica decayó por la indiferencia del mismo Estado, que no le interesó invertir. Los dirigentes no se percataron del valor de contar con una red que conectaba ambos litorales; se olvidaron del alto costo político que hubo que pagarle a Minor Keith por la construcción de la vía a Limón. Tampoco valoraron el empeño estatal por no repetir esa experiencia y abrir, como empresa nacional, el tren al Pacífico (que en 1930 fue electrificado). Ahora, el petróleo verdaderamente se cotiza como "oro negro". El país tiene una infraestructura que aún puede aprovechar. Es cierto que requiere inversión, ya sea directamente por parte del Estado o en alianza con empresas privadas. Al tren hay que insuflarle vida en momentos cuando la Magdalena no está para tafetanes.
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