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Al Grano Édgar Espinoza edgarespinoza@costarricense.cr Se acabó ya la luna de miel con Óscar Arias. Se cumplieron sus primeros cien días en el poder; pocos para hacer, pero suficientes para ver. ¡Y no hemos visto nada! Si acaso, pichuleos y tanteos, que no le auguran al país grandes expectativas. Este 8 de mayo Óscar le debe de haber dicho a su hermano: "Mirá, Rodrigo, encargate vos del país y dejame a mi el mundo". Y dicho y hecho. Desde entonces, está más preocupado por meter en un preservativo al África entera (que con tanto negro no debe ser nada fácil), y por ser el artífice de la paz en Cuba, Colombia y Líbano; el domador de Hugo Chávez en su circo bolivariano y el apagafuegos del orbe. Y. ¿Costa Rica? No me explico cómo Óscar va a negociar la paz en esas regiones si, a lo largo de cien días, no ha negociado la propia con su rival, Ottón Solís, con quien ni siquiera ha querido reunirse. Ya veo, entonces, que su célebre sentencia de "es mejor transigir que discrepar" no es más que uno de sus tantos de-la-boca-p'a-fuera pues, mientras con el mundo juega a demócrata, aquí, en su terruño, parece monarca. A Óscar, Costa Rica le queda pequeña. Sus problemas de calles, basura, servicios, ambiente, pobreza, salud, puentes, transporte. no son del nivel de un Nobel. Lo estorban. Lo aburren. Lo desgastan. Para eso está ahí el gran hermano; para lo feo, para lo impopular. Lo internacional, en cambio, le da caché y réditos a su imagen. ¡Los Blair, las Merckel, los Chirac, las Bachelet.! Pareciera que Óscar quiso otra vez la Presidencia no tanto para tenderle una mano a esa Costa Rica esquilmada por el estrago de sus políticos, como para utilizarla de pasarela, desde la cual exhibirle al mundo sus curvas y escotes de líder pacifista. Lo delatan varias cosas: no estar lo preparado que alardeaba en campaña para gobernarlo; nombrar un equipo de gobierno de medio verse; impericia en el manejo de proyectos legislativos y reticencia a transar con la oposición. Y, aunque su mascarón de proa, el buenazo de Rodrigo, la pelea duro para ver si "las cosas se dan", como diría un futbolista, el escenario político actual ya no es el de hace 20 años cuando, con el bipartidismo en funcia, todo era cosa de te doy y me das. Encima, el tándem Arias carece, esta vez, del cerebro de un John Biehl capaz de hacerles la "síntesis" a la hora de diseñar estrategias y tomar decisiones, y que en aquellos tiempos le evitaron a Óscar los traspiés de hoy. Por eso, en este primer round, más de luna que de miel, no hemos sentido, en lo contante y sonante, ninguna diferencia entre Óscar y Abel.
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