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Por el derecho internacional No se trata de agravio a una nación admirable, sino de respeto al derecho internacionalÓscar Arias Sánchez Presidente de la República Hoy, cuando una vez más corren vientos de guerra, cuando despreciables formas de terrorismo se han convertido en una amenaza cierta a la vida civilizada, Costa Rica debe hacer suya la causa de preservar el derecho internacional, la más elemental salvaguarda contra la anarquía en el mundo. Por carecer de ejército, nuestro país es precisamente el que más necesita de un sistema internacional legítimo, fuerte, y del que emanen resoluciones vinculantes para todas las naciones. Por ello, como una muestra del respeto de Costa Rica a las resoluciones de Naciones Unidas y a la legalidad internacional y, como lo dije públicamente hace ya algunos años, es tiempo de que Costa Rica traslade su delegación diplomática ante el Estado de Israel de la ciudad de Jerusalén a la ciudad de Tel Aviv, hasta que se llegue a una solución definitiva sobre el estatus que habrá de tener Jerusalén. Nuestra Cancillería ya giró instrucciones a nuestra Embajada en Israel para que efectúe dicho traslado a la mayor brevedad posible. Amistad firme. Hasta ahora éramos el único país del mundo, junto con El Salvador, que mantenía su embajada en Jerusalén. Aun los más cercanos aliados de Israel han preferido no desafiar la legalidad internacional situando sus embajadas en esta ciudad. Ello no ha impedido que su amistad con el pueblo de Israel perviva y se fortalezca. Es hora de rectificar un error histórico que nos daña en el plano internacional y nos priva de casi cualquier forma de amistad con el mundo árabe, y más ampliamente con la civilización islámica, a la que pertenece la sexta parte de la humanidad. Es crucial entender que esta decisión no la anima, por supuesto, la intención de ofender al querido pueblo de Israel, con el que nos unen y nos seguirán uniendo vínculos entrañables, más profundos que cualquier coyuntura política. En lo que a Costa Rica concierne, el derecho de Israel a existir y a vivir libre de amenaza -particularmente de la amenaza criminal del terrorismo- está más allá de toda duda. No se trata de agraviar a una nación valiente y admirable, sino de respetar el derecho internacional y estrechar nuestras manos con la mayor cantidad posible de pueblos del mundo. Solo así estaremos contribuyendo a sembrar la semilla de la paz en un mundo que, cada vez más, es tierra yerma para el amor. En efecto, podemos sembrar la paz, destruyendo armas y prodigando respeto para todos los pueblos de la Tierra. Los seres humanos no nos encontramos irrevocablemente dirigidos hacia nuestra propia destrucción. Hay cientos de corazones, miles de corazones, millones de corazones dispuestos a ensanchar el camino hacia la paz. Silencio de las madres. La historia de la humanidad ha sido narrada en silencio por las madres que lloran la muerte violenta de sus hijos. Es hora de darles consuelo. El mundo puede escribir otra historia. Tenemos la pluma en las manos y tenemos también el tintero. ¿Sabremos tener la voluntad? Miguel Hernández nos dejó estas palabras, que hoy deseo compartir con ustedes: Poco valen las armas que la sangre no nutre / ante un pueblo de pómulos noblemente dispuestos, / poco valen las armas: les falta voz y frente, / les sobra estruendo y humo (.) Un hombre desarmado siempre es un firme bloque: / sabe que no es estéril su firmeza, y resiste... Resistamos siempre el llamado de la violencia y de las armas. Resistamos siempre, porque esta resistencia nos hará más fuertes. Resistamos siempre, porque de esta resistencia brotará la vida.
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