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El MEIC y el ¿comercio desleal? Que cada individuo encuentre la mejor solución para sus necesidades de consumoRigoberto Stewart inlapp@racsa.co.cr Economista Un exministro de Comercio Exterior me contó que, estando en una reunión con colegas de muchos países, le preguntó a su compañero de mesa cómo manejaban ellos el tema del dumping. El asiático lo miró sorprendido y le dijo: "¿Cuál dumping? Si no es dumping, nosotros no compramos". Unos 15 años después aparece en La Nación una nota que resumo: Prevención de comercio desleal. El Ministerio de Economía, Industria y Comercio (MEIC) presentó el pasado 11 de julio un plan para monitorear los precios de los productos que importa el país. Con la ayuda del sector privado y varias cámaras y asociaciones del país, el proyecto pretende identificar prácticas de comercio desleal (dumping). así como imponer medidas de salvaguarda. ¡Cuánta diferencia! Al contrario del latino, muchos líderes asiáticos tienen muy claro que el objetivo de la actividad económica es satisfacer necesidades de consumo. Y cuanto más baratos sean los bienes, mejor se satisfacen esas necesidades. En la intrincada red de interrelaciones e interdependencias conocida como el sistema de especialización e intercambio (o el sistema generador de riqueza), la esencia de la creación de riqueza y bienestar consiste en que cada individuo encuentre la mejor solución para sus necesidades de consumo (lo contrario, que cada uno encuentre la mejor solución para sus necesidades de producción, nos aniquilaría), en cualquier parte del mundo. No hay ninguna razón para limitar las opciones de solución a su familia, su pueblo, su cantón, su provincia, su país, el continente donde vive. Limitarlo a cualquier unidad geográfica sería un acto criminal y una monumental estupidez. Ni siquiera el globo es el límite; por eso hay científicos que buscan opciones fuera de la tierra. Curiosamente, los que tanto felicitan al doctor Franklin Chang no lo entienden. Un ejemplo. Ilustremos la pifia con un ejemplo hipotético. Imaginemos que en Costa Rica viven un millón de enfermos de sida y que, ante la iniciativa de algunos residentes en el país de buscar una cura, el ministro de Comercio Exterior adopte la siguiente actitud: acusa a los gringos -que ya la encontraron- de comercio desleal, alegando que los investigadores allá estudiaron en mejores universidades y tienen mejores laboratorios y más recursos gubernamentales que los de acá; por tanto, el producto de sus investigaciones equivale a dumping, a comercio desleal. Acto seguido, el muy humanitario ministro impone un arancel del 500% a los medicamentos generados por los gringos, con el fin de "proteger" a los investigadores ticos. Su fe es que, con esta protección, algún día ellos encontrarán la cura y, por este medio, todos los ticos nos enriqueceremos. Sí, todos, menos el millón de muertos más los cientos de miles que se sumarán a la lista mediante el contagio. Estos nunca entraron en los cálculos o la consideración del poderoso jerarca. Craso error pues está claro que la cura de los enfermos era la razón de ser de todo el ejercicio; es, en este caso, la riqueza; y cuanto más rápido se obtiene y más barata sea la cura, mayor es la riqueza generada. ¿Queda claro? El concepto criollo de lealtad no deja de ser peregrino. Aclarémoslo con dos casos. Uno, alguien hace hasta lo imposible por abaratar los bienes que consumen los pobres de este mundo. Dos, un político hace hasta lo imposible para que esos bienes más baratos no lleguen a los pobres. ¿Quién es el desleal: el político o el empresario innovador? Sí, lo adivinó.
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