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Infidencias para escoger mejor La formación es indispensable para gobernar con responsabilidadFernando F. Sánchez C. fsanchez@fernandosanchez.org Politólogo Con el tiempo uno va perdiendo algunas facultades y ganando otras, suele decir mi padre. ¡Cuánta razón tiene! En mi caso, hoy tengo claro que los helados de crema me causan agruras, y que ya no puedo trasnochar como antes sin pagar el precio al día siguiente. Pero también he aprendido a abordar con paciencia muchos de los problemas que antes se resolvían "a punta de ansias", y a desarrollar el gusto por las aceitunas y el queso maduro. Como dice Mercedes Sosa, "cambia, todo cambia". De igual manera, hoy las vueltas de la vida y una buena dosis de idealismo propio de mis años de pubertad me han llevado de las aulas universitarias a la Asamblea Legislativa, del análisis a la práctica. Siempre que abordé temas políticos, desde la trinchera de la academia, lo hice con la esperanza de que mis ideas tuvieran algún impacto en los que toman decisiones. Hoy, a poco más de 3 meses de estar imbuido en la función pública, espero que esta reflexión tenga algún impacto en la ciudadanía. Principios guiadores. Hoy les escribo "desde dentro", y créanme que, sin pecar de infidente, hay mucho que decir. En diciembre todos volveremos a las urnas para escoger a nuestros alcaldes, síndicos y concejos de distrito. Así que permítanme apuntar hoy un par de aspectos que en poco tiempo he descubierto, y que quizás nos permitirán seleccionar mejor a los gobernantes. En primer lugar, tengo claro que un político cumple esencialmente una doble función: es representante y guía. Los ciudadanos esperan de ellos ambos papeles, aunque no necesariamente existe consenso sobre cuándo un político debe guiar y cuándo representar. Normalmente se espera que el gobernante guíe en temas complejos cuyas repercusiones directas no son evidentes, y que represente cuando existen intereses y consecuencias claras al tomar una decisión. Pero difícilmente encontraremos un tema en el que todos los ciudadanos esperen lo mismo de sus gobernantes, por lo que a estos casi siempre les toca guiar a algunos, representar a otros y convencer a la mayoría de que la decisión tomada es la correcta. En este proceso, el problema es que quien está en la vorágine de la función pública vive del día a día, de la coyuntura. Así, hay poco tiempo para el estudio a profundidad y normalmente hay que echar mano a los conocimientos que ya se traen. La formación es indispensable para gobernar con responsabilidad. Por ello, al decidir su voto, el ciudadano debe escoger a personas que conozcan bien los temas que les interesan. Apuesta bien el votante que escoge al político que sabe, a quien tiene criterio. Y se juega un peligroso albur quién justifica su voto solamente por las buenas intenciones de los candidatos. Beneficio de la mayoría. En segundo lugar, he aprendido que la política, como toda actividad humana, presupone diversidad de pareceres, ya sea en cuanto a objetivos o -más comúnmente- en cuanto a la forma de alcanzarlos. Un político que está al frente de un país debe estar preparado para escuchar y después amalgamar diferentes opiniones e intereses, cada vez que toma una decisión. El arte de gobernar en democracia radica en lograr las alianzas necesarias para poner en práctica decisiones cuyos fines beneficien a la mayoría, empleando métodos que no acaben con el apoyo para implementarlas. Esto implica, muchas veces, optar por soluciones subóptimas. Lograr esto no es sencillo, pero así es como se alcanza lo que los ciudadanos exigen de sus gobernantes: resultados. No en vano, Otto von Bismarck definió la política como "el arte de lo posible". En este mosaico de claroscuros, difícilmente será exitoso quien suscriba posiciones absolutas. El que ve la política en "blanco y negro" no ha comprendido su naturaleza misma. Así, hace bien el votante que escoge a quienes demuestren que, sin traicionar sus principios, cuentan con la humildad para escuchar, la habilidad para dialogar y la sabiduría para transigir. Gobernar una sociedad cada vez más compleja y heterogénea, como es la nuestra, exige agudeza y flexibilidad mental. Aunque algunos la tomen a la ligera o la miren con desdén, la política no solo es necesaria en toda sociedad, sino que es un oficio difícil. Esto lo tengo hoy más claro que nunca. Así las cosas, más le vale a una sociedad aprender a elegir a sus gobernantes. Es mucho lo que depende de quien gobierna; sus criterios tienen incidencia directa en la vida de todo un país. Para gobernar bien, hay que tener o adquirir la destreza para saber decidir, y créanme cuando les digo que no cualquiera puede hacerlo.
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