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Autoridades desampararon a taxista ante amenazas de muerte Sujeto no obtuvo respuesta oportuna de Fiscalía, OIJ y policía de El CocoIndividuo se enfrentó a balazos con vecino que antes lo había apuñalado Esteban Oviedo eoviedo@nacion.com Tres días antes de morir a balazos, el taxista informal Guillermo Varela Quesada acudió desesperado a la Fiscalía de Santa Cruz a pedir protección por las recurrentes amenazas de muerte recibidas desde hacía dos meses. Cuando regresó a su casa en playas de El Coco, el hombre de 47 años le dijo a su esposa el lunes antepasado: "Qué desilusión, qué mal me siento, hablé con la secretaria, ya llevé a todos los testigos y me dijo que apenas iban a hacer el citatorio y llegaría en diez días". El jueves siguiente, Varela murió al enfrentarse a José Coto Torres, quien le prometió la muerte desde el 9 de junio. Este último también murió en el tiroteo. El 9 de junio, Coto le propinó al taxista una puñalada en una axila después del partido Costa Rica-Alemania. El puñal cortó una arteria, pero un doctor local y un médico pensionado que visitaba el EBAIS de Sardinal de Carrillo contuvieron la hemorragia. Coto fue detenido ese mismo día por la policía. Sin embargo, el OIJ de Liberia se dio cuenta de que un Tribunal de San José lo buscaba por otra tentativa de homicidio ocurrida en un bar cercano al Parque Morazán en 1999. El hombre quedó a las órdenes del Primer Circuito Judicial en la cárcel de Calle Real de Liberia. Al día siguiente, la Fiscalía de Santa Cruz tuvo conocimiento de los hechos, pero no solicitó prisión preventiva, reclamó Erick Varela, abogado del taxista. Idalí García, viuda de Varela, aseguró que su compañero puso la denuncia en Santa Cruz cuatro días después de la puñalada. Según el abogado, la Fiscalía alegó que aún no llegaba el informe del OIJ.
En libertad. Coto quedó en libertad los últimos días de junio, pues su abogada demostró que fue mal notificado del juicio en San José. Luego, acudió a juicio los días 5 y 19 de julio y un tribunal josefino lo sentenció a tres años de prisión, pero le otorgó libertad condicional. "Este señor salió de la cárcel y de una vez comenzó a amenazar. Llegó al banco y dijo que iba a matar a todos los taxistas", relató la viuda. El 5 de julio, Guillermo Varela dijo que no comprendía por qué Coto estaba libre. "Lo único que pido es justicia. Ese señor no puede andar aquí", declaró a La Nación. Maritza Barrera, dueña del supermercado El Luperón, en donde Varela prestaba servicios, también denunció a Coto ante la policía en dos ocasiones por molestar a las cajeras. "¿Por qué viene a provocar?", le dijo después de la puñalada. Preocupado, Varela regresó el 29 de junio a la Fiscalía con su abogado a pedir medidas de protección para él y los testigos, así como el encarcelamiento de Coto. El abogado aseguró que, por su insistencia, al día siguiente el OIJ remitió por fax a la Fiscalía un informe elaborado desde el 15 de junio . Pero Coto no fue indagado. Erick Varela dice haber solicitado protección para su cliente al menos cuatro veces en julio. "Yo conversé con el fiscal coordinador y le dije que la vida de los dos estaba en peligro, porque mi cliente estaba armado. Me dijeron que había que respetar el debido proceso", contó el abogado. Un día que volvía de pasear en Puntarenas, Varela acudió al OIJ de Liberia por protección, pero le respondieron que ese no era el despacho indicado. También fue a la policía de El Coco, en donde "le decían 'muévase, porque no ha llegado nada'", citó su viuda. Arma en bar. El sábado antepasado, Varela fue avisado de que Coto sacó un arma en un bar y dijo que era para él. "Yo no podía tener paz, eso se veía venir, lo andaba acosando por todas partes", continuó su esposa. Fue entonces cuando regresó el lunes antepasado a la Fiscalía, sin obtener resultados. Fernando Pizarro, abogado de Coto en sus negocios, aseguró que su cliente nunca fue requerido por la Fiscalía. "El habría recurrido a mí", garantizó el letrado. Hoy hace ocho días, después del almuerzo, Varela llevó un cliente a un hotel a seis kilómetros al oeste de El Coco. En el camino, el taxista dijo "póngase vivo", porque los seguían. Según su abogado, después de dejar al cliente, Varela quiso abandonar el lugar, pero escuchó insultos. Entonces se bajó del auto y recibió dos balazos en un brazo y uno en la pierna, por lo que disparó cuatro veces contra Coto. Al tratar de ocultarse, Varela recibió un último disparo en la cabeza. Eran alrededor de las 2 p. m. "Me avisaron, fui al Ebais, mi marido echaba sangre, no se movía", dijo su mujer, que anunció una demanda contra las autoridades pues "si hubieran puesto más atención se habría evitado que dos hijas quedaran sin padre".
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