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Tiempo perdido Armando Mayorga amayorga@nacion.com Los ticos desperdiciamos el tiempo. Si lo aprovechásemos mejor, otra sería la historia del país. Sería un país con más desarrollo económico y social, competitivo, con más oportunidades de empleo y calidad de vida. Desgraciadamente, tenemos una Costa Rica donde la pésima gestión pública nos arrebata nuestro valioso tiempo. La falta de infraestructura vial, por un lado, y la tramitología y burocracia estatal, por otro, son ladrones de nuestro tiempo, de minutos de vida que bien podríamos aprovechar para ser más productivos o para disfrutar la vida. Si algún día se cuantificase el costo del tiempo que nos hacen perder a diario las malas calles, los malos servicios y los malos trabajadores públicos, nos alarmaríamos porque son millones, millones de colones que se derrochan a cuenta nuestra. El derroche de minutos y de plata, precisamente, comienza desde que ponemos un pie en la calle. Los baches y las vías congestionadas por falta de inversión pública nos atrapan, nos obstruyen el viaje al trabajo. El trayecto que a la medianoche se hace en 15 ó 30 minutos, en el día es el doble, o el triple, o más. Miles de costarricenses, entonces, pierden al menos una hora diaria de producción, o de calidad de vida, en su viaje de ida o regreso al trabajo. Presidentes de la República, ministros, diputados nos han prometido desde hace años eliminar baches, ampliar vías, construir viaductos, pero, como buenos políticos, incumplieron. La "maría" que cuenta nuestro tiempo aumenta cuando debemos acudir a una oficina estatal. Allí, las filas son por la aplicación de procedimientos irra-cionales u obsoletos para dar los servicios. Las filas las causan también empleados públicos: muchos, legítimos burócratas, profesionales en conversar, telefonear, tomar café, comer y comer. Ejemplos, sobran. Tramitar un servicio en el ICE, AyA y otras entidades es un suplicio. Igual, en la CCSS, donde hay que esperar a que el presidente ejecutivo baje el dedo para obtener el servicio, o en Migración, donde las filas alimentan la corrupción... A nadie le sirve eliminarlas porque se muere el negocio que gira alrededor. Definitivamente, para el Estado, el tiempo del ciudadano no importa, y lo peor es que hoy, igual que en el pasado, el Gobierno no tiene soluciones precisas y viables. Es más fácil resucitar un muerto que esto se resuelva.
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