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En Vela Julio Rodríguez envela@nacion.com El desmadre -palabra castiza- causado por una legislación alocada el Día de la Madre refleja cabalmente el deterioro de un Estado sin norte. El paso siguiente será, para evitar más desconcierto familiar, comercial y social, prohibir, por políticamente incorrecta, la maternidad. Bueno, tal como va todo en este mundo progresista y provocador, hacia eso vamos. (Provocador o irreverente: dos palabras tácticas y de moda, cuyo uso evita la formulación de un juicio directo o personal, aprobatorio o desaprobatorio, en fin, comprometedor, sobre determinados hechos, libros, películas o espectáculos. Quien no recurre a estos calificativos no está en onda por lo que, si se atreve decir con nitidez lo que piensa, recibe el sambenito de conservador, como sinónimo de ignorante, atrasado, anacrónico o despistado. Gajes del oficio). Cerrado el paréntesis, sigamos. ¿Qué pensarán muchos en nuestro país, sobre todo los niños y adolescentes, a quienes, de pronto, se les cambian las reglas y hasta los principios, y se les dice que lo que antes era, ya no es, y lo que no era, ahora es? En materia familiar o matrimonial, y aun de respeto a la vida, en ciertos países muy "progresistas, esta es la moda: cambiar, a cualquier precio, sin caer en la cuenta de que el cambio verdadero supone la identidad, la duración y la conservación en el ser de lo que se transforma. La innovación y la adaptación implican respetar lo que no se puede cambiar, so pena de dejar de ser. Los cambios de ciertas fechas simbólicas o sagradas, en aras del turismo, en el gobierno y la Asamblea Legislativa anteriores, no fue un simple error. Fue la expresión de una tendencia peligrosa: cambiar lo que no se debe cambiar, lo que está enraizado -para bien- en la identidad de un pueblo, como el Día de la Madre, el 15 de agosto, y no cualquier otro día; la anexión de Guanacaste (el 25 de julio), el 11 de abril. Son días inaugurales, manifestación de un acontecimiento significativo, en un espacio y tiempo determinados, que la política debe reconocer, como un derecho, y no deshacerlo o jugar con él en forma casuística. ¡Cuidado con esta tendencia que puede abarcar otros campos, de mayor hondura humana, y que, como hemos visto, por ciertos síntomas o reacciones, en el orden de la familia, del matrimonio, de la ética o de la vida, ya cuenta con adeptos "progresistas", en posiciones estratégicas, dispuestos a extraer la savia y arrancar las raíces. porque esa es la moda! En fin, con estas reflexiones, tan conservadoras, quería celebrar el Día de la Madre, antes que nos digan que ya no quedan padres ni madres.
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