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La táctica de meter el bus no pasa de moda En el libreto de Pérez, defenderse era la única opción. Y les resultóSaprissa controló siempre el balón, pero fue incapaz de llegar a los cordeles Gustavo Jiménez M. gujimenez@nacion.com Pérez Zeledón apeló ayer a la primera página del manual del equipo visitante. Se encomendó a las instrucciones básicas que aconsejan acantonarse muy cerca de su propia área y olvidarse de las tareas ofensivas. Los generaleños nunca se salieron de ese rudimentario planteamiento, tabla de salvación de cualquier conjunto que se cree en desventaja para pelear por un resultado en casa ajena.
Pero les salió. Primero, porque los Guerreros son un equipo curtido en esto de negar accesos a su portería. Segundo, porque Saprissa falló en las múltiples variantes que empleó para tratar de vulnerar la meta contraria. Fue un monólogo. El balón se convirtió en monopolio tibaseño, pero llevar la voz cantante no se tradujo en una lluvia sobre los cordeles del cuadro sureño. Que un equipo llegue a encerrarse a la Cueva no es nada nuevo. Meter el bus no pasa de moda, aunque en el pasado otros clubes -incluso algunas veces Pérez Zeledón- mostraron más atrevimiento al jugar en Tibás. La duda es qué hace Saprissa para saltarse el cerco. Ayer abrió surcos por las bandas (con Pablo Brenes y Jairo Arrieta), probó de bola muerta e intentó alguno que otro centro a Alejandro Alpízar. No hubo forma. De las tres llegadas más peligrosas, dos terminaron en el poste y la otra murió cuando Alexánder Calvo despejó la pelota a centímetros de la raya. Pese al trago amargo de quedarse en cero, Saprissa debería salir agradecido con Pérez Zeledón. Estas cosas es mejor notarlas de una vez, en lugar de confundirse con el espejismo de un partido que se resuelve por un solo gol. El cuerpo técnico morado ya sabe dónde debe actuar: la falta de contundencia. No debería ser válido el típico discurso de "solo nos faltó el gol". En estas circunstancias, cuando el rival entrega sin pudor tres cuartos de cancha, si el cuadro local no tiene gol, no tiene nada. Solitario. Pérez Zeledón ofreció poco para salir del encierro. En el primer tiempo, Luis Lara mantuvo ocupados a los zagueros rivales, pero más con provocaciones que con el futbol que se le conoce. En uno de esos lances, José Luis López mordió el anzuelo y buscó a Lara para ajustar cuentas. Del zipizape que se armó luego hubo dos damnificados: Try Bennett y Géiner Segura, quienes vieron la tarjeta roja, apenas al 13'. Lara fue perdiendo fuerza, y para el segundo tiempo Pérez terminó de olvidarse de cualquier intento por llegar al arco de Porras. El partido se vivió en una sola mitad, entre el rigor generaleño para defender y el nulo éxito de los morados al intentar hacer daño. Para justificar la escasa ambición, los sureños podrán pretextar la falta de rodaje, cuando apenas están saliendo de la pretemporada. De igual forma, Saprissa apenas ensaya los primeros bocetos de su nuevo ataque, variantes obligatorias por la partida a Europa del tren ofensivo de la campaña pasada. Así que, mientras termina de afinar su verdadera propuesta para la actual temporada (en la cual participa con el objetivo de ser campeón), Pérez apeló al manual básico del equipo visitante: encerrarse atrás y esperar el vendaval. Por ello el partido se jugó en una sola área, con un solo portero como protagonista. Del otro lado, una figura en traje negro se recortaba sobre el verde sintético de la cancha saprissista. Era José Francisco Porras, inmóvil la mayor parte del segundo tiempo. Queda claro que el equipo visitante no atacó mucho cuando hasta los juntabolas tuvieron más acción que el guardameta local.
Lo artístico brilló, en lo deportivo faltó Alexánder Sánchez y Gustavo Jiménez asanchez@nacion.com A Saprissa se le atragantó el postre en la gala de presentación de su nuevo uniforme. La campaña de expectativa rindió frutos. El saprissismo acudió en vilo a esta mezcla de futbol y espectáculo, dispuesto a festejar goles pero también a presenciar lo que se anunciaba como algo nunca visto en el país. Pitazo final de una primera parte poco afortunada para los locales. De inmediato niños y jóvenes de todas las edades comenzaron a invadir la cancha del Ricardo Saprissa, con prendas de vistosos colores y diseños, entre los que resaltaban abanderados y porristas. La fiesta prometida estaba a punto de comenzar. Rompiendo el usual comportamiento de la afición, que acabado el primer tiempo suele desplazarse en masa a comprar su merienda -esta vez se quedaron en su asiento- pareció establecerse una unánime atención sobre lo que iba a acontecer. Quizás la expectativa por conocer el tan anunciado espectáculo, donde el Saprissa daría a conocer su nueva camiseta, minó casi por completo la sensación de impotencia de la afición morada, que veía a su equipo hacer un juego poco vistoso en su reducto. La música comenzó a sonar, la invasión juvenil a moverse al ritmo de la tonada, banderas moradas y blancas, y malabaristas engalanaron la cancha y la vistieron como nunca en medio de un esplendoroso escenario, el cual fue remozado en los últimos días. Transcurrieron pocos minutos para que el público reconociera con fuertes aplausos una faena nunca antes realizada en Costa Rica. Con algunos errores de coordinación, disimulados con la vistosidad del acto, la organización del Saprissa cumplió con lo artístico, mas no en lo deportivo. La entrada del equipo morado luciendo su nuevo uniforme acabó con la espera, la nueva imagen del cuadro tibaseño saltó a la cancha en medio del griterío popular que pareció aprobarla. La creatividad y la innovación quedaron para el medio tiempo. Saprissa no pudo llevarse el triunfo, así que pocos se acordarán de la magnífica coreografía, pues hizo falta la cereza en el pastel.
Saprissa hizo de todo para ganar Alexánder Sánchez C. asanchez@nacion.com El esquema de juego morado, que intentó desembocar positivamente en las piernas de su delantero central, Alejando Alpízar, se vio aniquilado durante todo el juego por el cuadro sureño. Un juego ultradefensivo protagonizado por el equipo visitante, obligó al cuerpo técnico local a intentar de todo para abrir el marcador, aunque los tanteos fueron en vano, ahogados en un mar de piernas blanquiazules. "Aquí hicimos de todo, buscamos ganar a como diera lugar, pero ante un equipo que se viene a defender y a perder tiempo descaradamente, cuesta mucho", comentó Hernán Medford. Ajedrez. Primer variante en el esquema morado. Bennett ve la cartulina roja y Saprissa pierde una pieza clave por el sector derecho. Medford decide enviar a Andrés Nuñez más adelantado, con la intención de alimentar a Alpízar ante la ausencia de Bennett. Resultó muy evidente que el movimiento no fructificó, y a excepción de un cabezazo de peligro de Alpízar y otra acción de Centeno que se estrelló en el poste, Saprissa vio minada su proyección ofensiva en los primeros 45 minutos. Ya en la segunda mitad, y estrenando uniforme, la alineación no cambió, pero pasarían solo algunos minutos para evidenciar que los cambios tenían que llegar a como diera lugar para romper el cerco. Alpízar seguía en el "limbo" al minuto 65, sin balones a sus pies y con contadas oportunidades claras en el área. Un ariete no puede hacer mucho en estas condiciones. Jairo Arrieta fue llamado a sustituir a un Alonso Solís que se vio enredado, y con velocidad por la derecha el delantero prometió convertirse en el socio de Alpízar. Arrieta entró con todo, y pese a que quiso desequilibrar, no encontró solvencia en el ataque y sus incursiones fueron aisladas. Por su parte, Andrés Nuñez se perdió en su proyección ofensiva y entregó balones sin apropiado destino, por lo que fue otro de los cambios obligados al 71. Lo sustituyó el veloz Allan Aleman, lo que representó el tercer atacante en el terreno de juego para el cuadro tibaseño. Si lo anterior no es prueba inequívoca de que Saprissa se fue con todo en busca del gol, faltaría la incursión del habilidoso y desequilibrante novato, Yozhimar Reid, quien ingresó por el jugador que mejor había hecho las cosas en la cancha, Pablo Brenes. Con cuatro jugadores de clara vocación goleadora y el grueso del equipo morado presionando por el resultado, el gol era el ingrediente esencial para culminar con buen sabor el espectáculo. Pero pese a los esfuerzos técnicos y deportivos, el tanto nunca llegó, el empate a cero se convirtió al final en el "pato de la fiesta". |
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