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Ojo Crítico Rodolfo Cerdas El Gobierno debería aterrizar ya en la realidad social y política que le tocó y dejar ciertas pretensiones de gastos que se le adivinan y que, sin la urgencia de otros rubros, podrían dar al traste con su misión. Esto tiene pleno sentido en materia impositiva. Primero se dijo que el problema era la deuda interna; ahora se dice que tributamos muy poco. Obviamente, está bien eliminar las desigualdades tributarias, las exoneraciones y los déficits permanentes; pero, también, el desorden hacendario, el desperdicio fiscal, la ineficiencia en la gestión y la corrupción frecuente. El proyecto del diputado Fernando Sánchez sobre el IMAS muestra lo mucho que puede lograrse si se introducen orden y sentido. No hay duda de la calidad del equipo de gobierno. Pero el Gobierno ha heredado un gran desorden hacendario y fiscal, donde reinan el desperdicio, la ineficiencia y la corrupción. Mientras no se garantice y muestre una rectificación profunda, sostenible y duradera, la ciudadanía tiene el derecho, y los diputados, la obligación, de limitar la voracidad fiscal y exigir que se hagan los cambios pertinentes. No podemos engañarnos y olvidar que una buena parte de los responsables políticos de esta enfermedad son los mismos que nos ofrecen curarla. Y ya basta de usar a los pobres como pretexto. Ese cuento solo sirve para irritar, porque el 25% de las casas para pobres resultaron con graves defectos de construcción; en el IMAS no se ejecutaron cinco mil millones; en su fiesta de 35.° aniversario (¡una entidad provisional que según la propuesta de don Pepe solo debería celebrar su desaparición!), se gastarán siete millones; las tiendas libres mostraron pérdidas de más de mil quinientos millones, cuando sus ganancias mensuales mínimas deberían ser de cien millones; parte de esos ingresos van a Aviación Civil, donde sucedieron tantos abusos; Fodesaf, los bonos de vivienda, las tierras del IDA y del IMAS han sido piñatas en manos de toda clase de politiquillos; y así ad infinítum. Invocar, pues, la miseria para poner más impuestos y seguir como estamos no solo es demagógico e irresponsable, sino inadmisible e indignante. El Gobierno tendrá suficiente tarea con que le aprueben sus reformas a la renta y el IVA y con arreglar la deuda. Debería ser más modesto en sus pretensiones y mos- trar al país que ordenó y limpió la hacienda pública. El pueblo no está ciego y ve cómo, día tras día, se descubren nuevas barbaridades, que legitiman al ciudadano y obligan a los diputados a decirle NO a otra cascada de impuestos que, sin esas limitaciones y cambios, están destinados al inútil propósito de llenar el barril sin fondo de la voracidad fiscal.
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