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EDITORIAL

La trama del terror

La coordinación policial internacional es clave para obtener éxitos futuros en la lucha


Próximos a que se cumplan cinco años de los atentados del 11 de setiembre del 2001, en Nueva York; casi dos años y medio después de las explosiones en la estación de Atocha, en Madrid, el 11 de marzo del 2004; a poco más de un año del ataque contra el metro de Londres, el 7 de julio de 2005, y tras apenas semanas de la ola de explosiones que sembraron la muerte en el sistema de trenes de Bombay, India, de nuevo el terrorismo ha mostrado su fatídico rostro. Pero esta vez, dichosamente, su mano no pudo apretar el detonador de la tragedia, gracias a la oportuna acción de la Policía británica.

Al anunciar, el jueves 10, que había desbaratado una compleja trama para hacer explotar en pleno vuelo, y de manera sucesiva, varios aviones que se dirigieran desde ciudades de Gran Bretaña a otras de Estados Unidos, Scotland Yard se anotó un rotundo éxito, al que también aportaron su colaboración servicios de inteligencia de otros países, en especial Pakistán. Este resultado produce satisfacción y alguna tranquilidad. Demuestra que, gracias a un buen trabajo preventivo de la Policía, a la colaboración internacional y a la disposición de la gente para brindar información sobre actividades sospechosas, es posible actuar a tiempo para evitar la tragedia.

Sin embargo, la prolijidad del plan terrorista, la coordinación que había requerido, la proximidad a otros actos de parecida factura y la aparente disponibilidad de varios ejecutantes para inmolarse como parte de su acción, son motivos de honda preocupación; también, un nuevo recordatorio de que la lucha contra la violencia indiscriminada de los fanáticos es un proceso largo y difícil. En esta "guerra contra el terror" difícilmente se logrará pronto una victoria definitiva. Al contrario, es indispensable una alerta permanente para debilitar al enemigo, controlar daños y, sobre todo, evitar las peores catástrofes, y, mientras tanto, hay que seguir viviendo con la mayor normalidad posible.

Si los sospechosos capturados -ciudadanos británicos musulmanes de ascendencia pakistaní- seguían o no instrucciones de al-Qaeda, no parece ser el factor esencial para aumentar o reducir la inquietud. Lo más preocupante es que su disposición, concertación y fanatismo prueban, al igual que muchos otros casos, la profundidad y extensión de una red internacional que, aunque ciertamente inspirada por Osama bin-Laden y su mortífera organización, cada vez demuestra más capacidad de organización y acción descentralizadas. Y esto, lógicamente, aumenta el desafío para las autoridades y los ciudadanos.

La sólida investigación logró esta vez evitar las peores consecuencias. Aunque solo un avión hubiera explotado en pleno vuelo, habríamos experimentado una enorme tragedia; de ser varios, ni se diga. Sin embargo, a pesar de su fracaso, los terroristas han logrado cierto éxito: aumentar el nivel de temor de la población (sobre todo británica y estadounidense), dislocar por algunos días el transporte aéreo entre ambos países, obligar a hacer más estrictos e incómodos los controles sobre los viajeros alrededor del mundo y, en fin, resucitar la variable del miedo a los atentados indiscriminados como elemento de la vida cotidiana en muchos países. Es decir, el propósito más amplio de trastrocar la convivencia en las sociedades occidentales logró cierto avance.

¿Lograrán las nuevas medidas de seguridad aérea neutralizar otras agresiones futuras? Es posible y, por esto, las precauciones deben ser comprendidas y acatadas por la población. Sin embargo, es indiscutible que lo más importante es la acción inteligente, sistemática y coordinada de los cuerpos de seguridad, tanto nacionales como internacionales, como ocurrió en esta ocasión. Siempre enmarcados por las garantías individuales y el respeto a las leyes, los policías, investigadores y jueces son los que más pueden colaborar en esta lucha, sobre todo con sus acciones de desmantelamiento preventivo. A cinco años del derrumbe de las Torres Gemelas, que inauguraron una nueva etapa del terrorismo mundial, es algo que debemos tener siempre presente.

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