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La tabla de salvación El crecimiento económico frente al aumento de la pobreza debe llamarnos a la reflexiónBart de Lange Presidente Asociación Costarricense de Floricultores La preocupación en cuanto a la aparente disociación entre el robusto crecimiento de la economía costarricense del 2005, expresado en el aumento del producto interno bruto (PIB) y el incremento de la pobreza, confirmado con la disminución real del ingreso de los costarricenses en los últimos años, es lógica y esta situación debe llamar a la reflexión. El argumento de don Miguel Gutiérrez Saxe ( La Nación, 19/7/06) y no pocos opositores del Tratado de Libre Comercio con EE. UU. es que este desajuste lo ocasiona un modelo de desarrollo equivocado y una clase de inversión que no contribuye al bienestar del costarricense en general; sin embargo, esta posición carece de una visión más generalizada de la situación macroeconómica del país, por lo que resulta simplista y limitada. Irresponsabilidad e incapacidad. Durante las últimas décadas, por irresponsabilidad, incapacidad o una combinación de ambas, los Gobiernos de turno crearon o fallaron lamentablemente en corregir "disparadores de pobreza" presentes en el entorno económico y social costarricense. Me limito a mencionar los más importantes: falta de una reforma educativa profunda y dirigida a la creación de una población dotada de los conocimientos necesarios para enfrentar las demandas de la empresa moderna y garantizar empleos mejor pagados; una estructura fiscal deficiente, tanto en la composición de los impuestos como en la recaudación, que causa fallas graves en la distribución general de la riqueza y limita las tan necesarias inversiones estatales al mínimo; el manejo deplorable de los recursos destinados a los programas sociales, evidenciado constantemente por numerosos desfalcos, dinero "engavetado" sin destinar, aprovechamiento de los recursos por sectores no necesitados, etc.; y, finalmente, el efecto más castigador de las clases de menor ingreso: una inflación que durante ya una época prolongada está constantemente entre las más altas del mundo y, lejos de disminuir, alcanzó niveles casi sin precedentes en los últimos dos años, debido principalmente a la ausencia crónica de reestructuración financiera y general del Estado. En vista de esta extensa lista de causantes directos de un empobrecimiento general del pueblo costarricense, al que se podría agregar una situación de "fuerza mayor" como la inmigración masiva de una población con bajos niveles de educación, el argumento de don Miguel y los sectores anti-CAFTA carece de lógica. En lugar de criticar el tipo de inversión y la forma en que se ha logrado el crecimiento del PIB en los últimos años, debemos concluir que estos "logros" (entre comillas, ya que el país demuestra serias deficiencias en sus políticas de atracción de inversiones, tema para otro artículo) se han convertido en la tabla de salvación de Costa Rica, al evitar una caída drástica en los niveles de ingreso de sus habitantes. Además, para fustigar el tipo de inversión prevaleciente en el país, es indispensable analizar el destino de estos flujos de dinero. La conclusión a la que se llegaría sería reconfortante: existe una diversificación importante en las inversiones en una variedad de sectores, como agricultura (de exportación), industria de alta tecnología, turismo, construcción y comercio, con participación activa de la grande, mediana y pequeña empresa. Para el crecimiento. Lo expresado anteriormente difícilmente constituye el panorama sombrío pintado por don Miguel y los que han aprovechado las cifras negativas en torno a la situación económica de los costarricenses para culpar el modelo de desarrollo del país y así enriquecer la cruzada contra el CAFTA, cuya aprobación resulta elemental para mantener el crecimiento económico tan necesario para las clases más necesitadas. Enfoquemos la atención sobre lo esencial para disminuir la pobreza en Costa Rica: control de la inflación, reforma de la educación, reestructuración del sistema fiscal y administración justa y eficiente de los programas sociales. Criticar la forma en que Costa Rica está creciendo económicamente, no solo es incorrecto, sino desvía la atención de tareas mucho más importantes para el bienestar de los costarricenses.
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