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Destrucción innecesaria La inoperancia internacional da luz verde al conflicto en Líbano e IsraelAntonio Barrios Oviedo anbarov@racsa.co.cr Cuando el presidente iraní, Mahmud Ahmadinejad, exhortó a "borrar Israel del mapa", la comunidad internacional, en justificada indignación, no dudó en condenar las palabras del presidente iraní. Pero cuando un estado de guerra no se declara y simplemente Hezbolá e Israel se lanzan a un ataque masivo, la conciencia moral internacional padece de un súbito adormecimiento. Ninguno de los actores involucrados ha respetado la diferencia entre los objetivos militares y los objetivos civiles, y han barrido con ciudades enteras. Se ha llegado a contabilizar que Israel, por su superioridad militar, ha destruido más infraestructura en Líbano en casi un mes de combates que la ocurrida en la guerra civil en ese país entre 1975 y 1989. Pero, ni aún así ha logrado Israel liberar a sus soldados secuestrados y menos su objetivo clave: la desarticulación de Hezbolá; por el contrario, esta movimiento se fortalece. Como paradoja, el pueblo judío ha sido sobreviviente en una interminable historia de exterminio desde que el rey asirio Tiglath-Pileser III (745-727 a. C.) trató de eliminarlos. Y, aunque Israel reclama el derecho a su existencia y de legítima defensa, no es sobre la base de su historia por lo que debe arremeter impensadamente contra los libaneses o palestinos. Ojalá la desaparecida exprimera ministra israelí Golda Meir nunca hubiera declarado al Sunday Times (15/7/1969): "No existe el Pueblo Palestino... ellos no existen".
Guerra y división. Pese a la caída del Muro de Berlín, la justificación de Israel de levantar otro en suelo palestino ha profundizado el resentimiento entre ambos pueblos, principalmente el palestino. El israelí defiende su territorio de las incursiones de ciertos grupos terroristas de Cisjordania, y los palestinos reclaman el fin de la ocupación, devolución de sus tierras y la creación de su Estado. Sin embargo, mientras persista el "yo tengo la razón, usted no" y "yo poseo la verdad y usted no", ambos pueblos se van a seguir matando. A raíz de la crisis en Líbano, la estrategia del Gobierno israelí es poner de nuevo en la palestra mundial al "peligroso y odioso" régimen iraní, supuestamente responsable de la guerra en Líbano, dado que el interés internacional se había desviado hacia el famoso misil norcoreano Taepodong II. Por ello, no resulta extraño que al unísono y paralelo a esta guerra la administración Bush haya declarado que ya no existe un "Axis of Evil", (eje del mal) sino un "evil family tree" (familia del mal), que tiene como tronco común Irán y sus ramales son Hezbolá, Hamás, Fatah, ANP, al-Qaeda, Siria, Líbano, Corea del Norte y Arabia Saudita, este último socio petrolero de la familia Bush. Diversos reportes del periódico Haaretz en su versión online, expresa la preocupación de los israelíes en esta guerra y temen con justificada razón como se ha comprometido la seguridad de su país ante un orden regional cada vez más incierto. En la otra acera, Caroline Glick, editorialista del Jerusalem Post, azuza la guerra al advertir que Israel debería lanzar acciones [militares] unilaterales contra el "Irán genocida", con el fin de modificar el balance de fuerzas en la región del Medio Oriente. Recordar y no repetir. La ONU ha perdido presencia, coraje y autoridad para condenar esta guerra, prevaleciendo el interés de las potencias por sus aliados estratégicos. De nuevo no hay cohesión diplomática en el mundo árabe y la Liga Árabe solo se ha limitado en declarar que el proceso de paz está muerto. Sin embargo, sería un gran fallo a la moral internacional que el Consejo de Seguridad intente revivirlo sin antes alcanzar un cese al fuego. Si bien hay constantes incursiones del Hezbolá en la frágil frontera con Israel, también hay sectores del pueblo palestino que reclaman sus derechos, aprovechando las carencias del mismo pueblo y promoviendo una guerra sectaria entre Hamás y Fatah, fustigando a Israel. Igualmente el Gobierno israelí, al imponer a los palestinos penalidades colectivas en represalia por acciones individuales de la resistencia palestina en Gaza y Cisjordania, aumenta un ambiente de inseguridad para Israel que ni el muro podrá evitar. No se avizora una pronta solución a la crisis. El difícil cese del fuego es solo el primer paso para tratar de solucionar lo más complejo. Sin embargo, la intensificación de las acciones de Hezbolá e Israel hace imposible la negociación. Frente a tanta destrucción innecesaria en Líbano y Gaza, tenemos a las inoperantes potencias líderes de la democracia y la libertad, más preocupadas por los misiles coreanos e iraníes que por los cientos de muertos y miles de desplazados por esta guerra.
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