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La mitad del público en EEUU cree en las armas de Iraq


Por Charles J. Hanley

Nueva York (AP). Pese a que una investigación de 16 meses y más de 900 millones de dólares demostró que Iraq no tenía armas de destrucción masiva cuando fue invadido por una coalición encabezada por Estados Unidos, la mitad de los estadounidenses todavía cree que sí, según una encuesta.

Y ese 50% que manifestó esa opinión en una encuesta Harris difundida el 21 de julio supera por mucho al 36% del año pasado.

Los expertos conjeturan que se debe al cacareo insistente de las radios de opinión, a los blogs, a manifestaciones de funcionarios del gobierno, y sobre todo a la creciente necesidad de mucha gente de justificar la guerra en Iraq.

La gente tiende a independizarse de la realidad en estas circunstancias, dice el analista de opinión Steven Kull.

La realidad en este caso es que la investigación declaró en el 2004 que Iraq había desmantelado sus programas de armas químicas, biológicas y nucleares en 1991 bajo la inspección de las Naciones Unidas. Esa conclusión avaló el trabajo de los inspectores de la ONU que en el 2002-03 no hallaron rastros de dichas armas en Iraq.

Estoy atónito, dijo Michael Massing, crítico de medios de comunicación cuyos escritos hicieron una disección de una prensa estadounidense que casi no cuestionó las dudosas afirmaciones del gobierno sobre armas de destrucción masiva en Iraq en el 2002 y 2003.

Esta conclusión causa desesperación en quienes confiamos en un público informado capaz de extraer conclusiones razonables en base a evidencias, dijo Massing.

Los resultados de la encuesta pueden tener cierta explicación. Dos semanas antes, dos legisladores republicanos, Rick Santorum y Peter Hoekstra, dieron a conocer un informe en Washington según el cual se habían recolectado 500 municiones químicas en Iraq desde la invasión en el 2003.

Creo que la Encuesta Harris estaba midiendo la sorpresa del público al oír esto después que se le dijo durante tanto tiempo que no había armas de destrucción masiva en el país, dijo el vocero de Hoekstra, Jamal Ware.

Pero el Pentágono y otros expertos destacaron que estos armazones abandonados tenían 15 años o más, su contenido químico estaba degradado y eran inutilizables como munición de artillería. Desde los años 90, dichas municiones _de entre las 160.000 fabricadas por Iraq y destruidas_ han aparecido en antiguos campos de batalla y otros sitios en Iraq, dicen ex inspectores. En otras palabras, no fueron sorpresa alguna.

No se trata de arsenales de armas de destrucción masiva, aclaró Scott Ritter, ex infante de marina que fue inspector de la ONU en los años 90. No fueron escondidos deliberadamente por los iraquíes.

El comentarista conservador Deroy Murdock, que pregonó con bombos y platillos el anuncio de Hoekstra en su columna, se quejó en una entrevista que la prensa no dio a la noticia la importancia que merecía. Pero en algunos medios recibió titulares.

Fox News anunció la noticia a los cuatro vientos.

Otras afirmaciones sobre la supuesta existencia de armas de destrucción masiva precedieron al anuncio de los legisladores republicanos, especialmente las especulaciones de que Iraq había enviado discretamente dichas armas al exterior.

Pero Kull, Massing y otros ven una influencia subyacente.

Creo que la cuestión Santorum-Hoekstra es el más reciente elemento, pero la dinámica básica es la repetición insistente del gobierno de George W. Bush del argumento original, dijo John Prados, autor del libro del 2004 Engañados: los documentos que revelan cómo Bush nos vendió una guerra.

Las declaraciones del gobierno siguen caracterizando al Iraq de Saddam Hussein como una amenaza. Pese a las conclusiones oficiales, la secretaria de estado Condoleezza Rice sólo ha querido admitir que quizás no había armas de destrucción masiva en Iraq. Y el mismo Bush, desde el 2003, ha insistido una y otra vez en una afirmación lisa y llanamente falsa: que Saddam rechazó a los inspectores de la ONU y que no los dejó entrar.

Está en claro que Iraq _después de una interrupción de cuatro años en la cooperación con los inspectores_ accedió a la demanda del Consejo de Seguridad y permitió que veintenas de expertos condujeran más de 700 inspecciones de posibles sitios de armas entre el 27 de noviembre del 2002 y el 16 de marzo del 2003. Los inspectores dijeron que podían concluir su labor en meses. En cambio, la invasión estadounidense lo impidió.

Incluso el 27 de mayo pasado, Bush dijo a graduados de West Point que cuando el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas le dio una oportunidad final de confesar y desarmarse _o sufrir graves consecuencias_, se negó a aceptar esa última oportunidad.

Lo que no es verdad, afirmó Kathleen Hall Jamieson, experta en retórica presidencial en la Universidad de Pensilvania. Pero no me sorprende cuando los presidentes reconstruyen la realidad para hacer sus políticas defendibles. Agregó que este presidente pudo haberse convencido a sí mismo de que era verdad.

Kull dijo que para algunos esto es muy partidista. Quienes creen en las armas de destrucción masiva en Iraq son en gran mayoría republicanos, revelan las encuestas.

Pero más allá de los partidismos, el público podría sentir la necesidad en creer en su existencia, consideran los analistas.

A medida que aumenta la percepción de que empeora la situación en Iraq, podría ser que los estadounidenses sencillamente esperan una justificación más sólida para estar en Iraq, conjeturó David Krane, de la Encuesta Harris.

Y mientras Israel y las guerrillas de Jezbolá combatían en el Líbano el 21 de julio, un pasaje del noticiero Fox sugirió, sin ninguna evidencia, otro supuesto paradero de las inexistentes armas de destrucción masiva iraquíes.

Están ahora las armas de destrucción masiva de Saddam Hussein en manos de Jezbolá?, se preguntó un titular sobreimpuesto en la pantalla, durante largos minutos, en las pantallas de televisión de un millón de hogares estadounidenses.

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