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Nuevo reto para las Naciones Unidas Urge acción decidida del Consejo de Seguridad para abrir diálogo entre las partes enfrentadasLic. Marcos Arroyo F. Politólogo y Abogado La reciente crisis entre Israel y Líbano no solo ha puesto en evidencia lo endeble del proceso de paz en Medio Oriente, sino también constituye un nuevo reto para la Organización de Naciones Unidas (ONU), respecto a su capacidad de contribuir lo antes posible al cese de las hostilidades en esa región. Lógico y esperable es que ante el conflicto desatado, la ONU se constituya en uno de los instrumentos que permita canalizar los esfuerzos diplomáticos para una pronta salida a esta crisis, sobre todo cuando crecen los llamados internacionales en esa dirección. Pero más allá de estos llamados, que pueden quedarse simplemente en buenas intensiones, es necesaria una acción decidida por parte de las Naciones Unidas y particularmente de su Consejo de Seguridad, que ayude al término de este nuevo enfrentamiento, como también que garantice condiciones mínimas para abrir el diálogo entre las partes enfrentadas. Una salida negociada. En este sentido, es necesario que las gestiones diplomáticas por parte de los países miembros de la ONU se intensifiquen en la búsqueda de una salida negociada al conflicto, entendiendo que debe desplegarse un esfuerzo similar una vez obtenido el cese del fuego, para promover un ambiente propicio para la negociación como para que las condiciones que causaron el enfrentamiento sean realmente controladas. Particularmente importante se tornan dichas gestiones cuando estamos en presencia de un diferendo que envuelve no solo los intereses de las dos naciones directamente involucradas, sino también la de aquellas otras naciones y grupos que, por una u otra razón, se identifican con las acciones que lleva adelante por un lado el Gobierno israelí y, por el otro, el grupo Hezbolá. Aunque en un entorno diferente al de años atrás y con la presencia de nuevos actores en el escenario mundial, la presencia de la guerra y la violencia sigue estando tan vigente como en antaño. Enfrentar esta problemática es una tarea en la que a la ONU le asiste una responsabilidad ineludible. Sus esfuerzos deben concentrarse en este caso concreto a detener el enfrentamiento, pero más importante, a atacar las causas que conducen a la guerra, sea que se trate del hambre, la pobreza, el credo religioso o la naturaleza que sea. Lejos del fin. Este conflicto, como todos aquellos otros enfrentamientos armados que tienen lugar en diversas partes del planeta, nos demuestra una vez más que aunque el mundo ha avanzado significativamente en la convivencia pacífica entre las naciones, ciertamente estamos todavía lejos del anhelado objetivo de que los pueblos no encuentren en la guerra una forma de resolver sus diferencias. Cuánto tiempo tomará llegar a ese objetivo, no lo sabemos, pero lo cierto es que es imperativo repensar los instrumentos de respuesta internacional frente a las particularidades de los nuevos conflictos que tienen lugar a nivel mundial.
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