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En Vela Julio Rodríguez envela@nacion.com Si utilizáramos nuestro talento para hacer bien las cosas buenas que hacemos mal o chambonamente, o al menos, para hacer mal o chambonamente las cosas malas que hacemos bien, seríamos, con plena seguridad, un país desarrollado. No hay ninguna duda de que el tristemente famoso crédito finlandés para comprar equipo médico innecesario requirió una buena dosis de planeamiento y capacidad de ejecución. Asimismo, la compra de ¢13 millones en mayonesa para la Policía supuso una imaginación creativa exuberante. La desviación de parte del dinero de los reaseguros del INS -ICE y otros- para una supuesta capacitación no estuvo exenta tampoco de pensamiento. Y la armonización del ejercicio de la función pública de alto vuelo con el chorizo en serie representa un asalto a mano armada contra el país; sin embargo, no hay duda de que exige concentración, talento y minuciosidad en los detalles. Que el lobo desnudara, luego, a Caperucita es otra cosa, pero, aun en este caso, la lógica previsora funcionó de parte del lobo. Ayer, no más, La Nación informaba de que un notario "resucitó" a un matrimonio francés para traspasar un terreno. Hace unos meses, por cierto, relatamos que un diplomático tico en París cobró una comisión tan elevada por colaborar, oficialmente, en un proyecto de exploración de la isla del Coco, en busca del tesoro, que la expedición fracasó, con lo que, sin querer, fue uno de los primeros ambientalistas nacionales. Fracasó el proyecto, pero él vivió como un pachá en París por varios meses. En verdad, no es tan difícil salir de la pobreza. Con una buena dosis de desprecio por el trabajo y los valores éticos, pero, eso sí, de audacia, capacidad intelectual y suerte, se pueden amasar fortunas. Lo demuestran, hasta la saciedad, el sinnúmero de notarios costarricenses dispuestos a ofrendar los servicios del don de ubicuidad o de estar presentes en varios lugares a la vez; la gracia del trasvestismo o capacidad de fingir ser otros, siendo siempre ellos, por aquello de que el hábito no hace al monje; la magia de meter gato por liebre, o bien el arte de trabajar en línea o en red, esto es, con una selección de pillos. Ochenta notarios figuran en las pesquisas de la Policía Judicial, la mayoría por fraudes con propiedades. Las probabilidades, sin embargo, deben de ser más altas por cuanto tenemos un récord mundial: 17.000 abogados y notarios inscritos, y cada día producimos 3,8 abogados más. Dada la proclividad del ser humano al pecado, este excedente de títulos, algunos tan endebles como ciertas casas de interés social, incentiva la imaginación. Estamos atrapados.
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