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Fracasó Doha y aquí... bien, gracias Alejandro Urbina aurbina@nacion.com Director Nunca antes la necesidad de ratificar el TLC ha sido más imperiosa que ahora. Fracasó la Ronda de Doha. El año entrante vence la autoridad del presidente de los EE. UU. para promover tratados (TPA) sin que el Congreso los despedace con mociones. Pero, además, cada día Washington advierte con más fuerza sobre la inminente eliminación de conce- siones unilaterales de los EE. UU. a estos países. Y, mientras en el resto de Centroamérica ya disfrutan de los beneficios del libre comercio, aquí en Costa Rica... bien, gracias. Las negociaciones multilaterales a favor del libre comercio mundial iniciadas en Doha, Qatar, en el 2001, fracasaron la semana pasada después de cinco años de . Los países desarrollados, Estados Unidos y la Unión Europea, no quisieron ponerse de acuerdo ni en cuánto ni cómo reducir sus respectivas barreras al libre comercio en perjuicio, principalmente, de los países en desarrollo. Cualquier ilusión de que un acuerdo multilateral sustituiría la necesidad de un tratado regional como el TLC con EE. UU. se desvaneció; si no para siempre, por un buen rato. La a reducir sus aranceles a productos agrícolas y la de los EE. UU. a hacer lo propio con su subsidios acabaron con las negociaciones. La ilusión de que un tratado con Europa reemplazaría los beneficios del TLC también desaparece con la proteccionista posición de la UE. Aunque políticamente la renegociación del TLC fuese factible (y no lo es) sin TPA, en el Congreso de EE. UU. es absolutamente imposible ratificar cualquier nuevo tratado. Así lo reconocen los países suramericanos, apurados como nunca en concluir sus propias negociaciones por un tratado bilateral con los EE. UU. Nuestra ahora depende de una de dos alternativas: ratificar el TLC o esperar que EE. UU. mantenga el sistema de preferencias conocido como la Iniciativa de la Cuenca del Caribe (CBI en inglés): una concesión unilateral de EE. UU. a nuestros países. Las declaraciones del senador Chuck Grassley, presidente del influyente Comité de Finanzas del Senado estadounidense, sobre las preferencias comerciales otorgadas a los países andinos no generan mucha esperanza. A EE. UU. no le interesa renovar los beneficios otorgados a países que no han concluido negociaciones para un TLC. Aunque las declaraciones no se referían directamente al CBI, no debemos descartarlas. No sigamos durmiendo de ese lado; Los beneficios del CBI se extinguirán con el plazo del TLC (si no antes), aunque algunos ilusos criollos crean todavía lo contrario. Costa Rica depende del libre comercio. El diminuto tamaño de nuestro mercado obliga a exportar para crear riqueza. Sin embargo, los beneficios del libre comercio superan los que provienen de la exportación. Las importaciones benefician al país todavía más. Los productos importados son más baratos (de lo contrario, no se importarían), otorgan a los consumidores más valor por su dinero y fomentan la competencia que, al mismo tiempo, aumenta la productividad. El de la oportunidad del TCL suena cada día más fuerte. La fecha límite, el 1.º de marzo del 2008, llegará dentro de 573 días. Al ritmo actual será difícil que el Congreso ratifique el tratado y cumpla de manera cabal con toda la legislación complementaria para que el TLC entre en vigor. La Comisión de Internacionales que tramita el TLC debe acelerar el proceso, escoger a quiénes dar audiencia y solicitar las opiniones de los demás interesados por escrito para adjuntarlas al expediente. No esperemos de esta ventana de oportunidad para lamentarnos. Nos costará bien caro.
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