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Casas "para pobres" Algunos constructores de casas de interés social se han aprovechado, por años, de la necesidad de los pobresNo es moral desviar la responsabilidad personal o institucional de los problemas sociales por motivaciones políticas o ideológicas Desde la administración Rodríguez Echeverría(1998-2002), las denuncias sobre las deficiencias en la construcción de las viviendas de interés social -donde el interés en muchas de ellas suele ser antisocial- se intensificaron. Los responsables, por la perversión de la política, han quedado impunes. La sanción ha consistido en la información pública, cuya reacción no ha pasado, en los casos más graves, de explicaciones a la ligera de parte de los responsables y, a menudo, de contraataques contra la prensa. Después paz y gloria. En la administración Rodríguez Echeverría fueron amigos muy cercanos del gobernante los capitanes del sector vivienda. En la administración de don Abel Pacheco (2002-2206), como lo hemos comentado reiteradamente, el ministro a la sazón, Helio Fallas, trató de poner orden en el desbarajuste institucional. Sin embargo, los intereses creados políticos se sobrepusieron. Al parecer, el clientelismo político, los negocios con lotes, el reparto calculado de los bonos de vivienda, los intentos de labrar curules a punta de viviendas de interés social y la construcción de viviendas a tontas y a locas eran fortalezas demasiado poderosas para que viniera alguien de fuera a perturbar el sueño.
Se requiere una voluntad política acerada en nuestro país para salvar a los pobres no solo de la pobreza, sino de los mercaderes de la pobreza, de ciertos burócratas y de los intereses políticos. Algunos comentaristas y políticos, en vez de atacar de frente esta trama de ineficiencia y desviaciones contra el sector más necesitado de todo lo contrario: la excelencia en todo el sentido de la palabra, suelen recurrir a la retórica ideológica. Así evaden la responsabilidad de atacar los problemas de frente y de señalar a los culpables. Esta táctica deja los problemas en pie y los agrava. Lo cierto es que el país ha contado con todas las ventajas y recursos para resolver sus más graves problemas sociales, pero la incompetencia interna y estatal, y la corrupción lo han impedido. Así lo ha puesto de manifiesto una sucesión de reportajes sociales a lo largo de los años. El último, de ayer, se refiere a la construcción de casas de interés social, otro disco rayado en la prensa nacional, pero que se debe escuchar. Según un estudio del Colegio Federado de Ingenieros y de Arquitectos (CFIA), responsable de la cuarta Auditoría de Calidad de Vivienda de Interés Social, una de cada cuatro casas de este tipo presenta problemas en su construcción: paredes inclinadas, tanques sépticos que se rebalsan, instalaciones eléctricas deficientes, pisos reventados, tuberías de agua jabonosas o de la cocina sin conexión a un sistema de alcantarillado, puertas desniveladas, baldosas desprendidas, cerrajes que no funcionan, problemas de suelos, carencia en el 5% de agua potable. En fin, un cuento de nunca acabar que, gracias a la responsabilidad y vigilancia técnica del CFIA y a las nuevas autoridades en el Sector Vivienda, a partir del 8 de mayo pasado, confiamos en que se cierre para siempre o que, al menos, no sea noticia constante. Los pobres no se pueden organizar. Carecen de tiempo y de recursos, no suscriben convenciones colectivas privilegiadas ni el Estado les asegura el salario para que se dediquen a sus tareas proselitistas. Cuentan, sin embargo, con defensores de oficio gratuitos que los airean en los discursos y los usan como insumo retórico. De aquí la imperiosa necesidad de que el Estado vele, en realidad, por ellos y de que los colegios profesionales, como el CFIA, salgan en su defensa. Ojalá otros colegios profesionales y organizaciones imiten este ejemplo.
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