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¿Costarricenses? Rubén Alberto Ortiz Vega Hace un tiempo, haciendo fila en Migración de ingreso en el aeropuerto Juan Santamaría, me di cuenta de que, entre quienes me seguían en la fila, había unos 15 hombres y mujeres orientales. Al ver los pasaportes que traían, percibí que eran todos costarricenses. Por curiosidad, traté de establecer conversación con algunos de ellos, haciendo preguntas simples. Para mi sorpresa, ninguno hablaba español; solo uno, que parecía ser el líder del grupo, se me acercó y balbuceó algunas palabras en español, pero sin entender mis preguntas. Al llegar a la ventanilla pregunté al empleado de Migración cuál iba a ser su posición ante la entrada de estas personas con apariencia oriental, que no hablaban español y portaban pasaporte costarricense. Me contestó: "Usted sabe cómo es ques". Un poco indignado, respondí: "No, en realidad no sé cómo es qué es. Explíqueme usted". "Usted sabe cómo es la gente de arriba, yo soy mandado y no puedo hacer nada más que dejarlos pasar; ellos tienen su pasaporte en orden". Casi simultáneamente, otro empleado de Migración, aparentemente supervisor, que estaba un poco más atrás de la ventanilla, se me acercó y preguntó qué pasaba por el atraso en la fila causado por mi conversación con el empleado. Amenazas. Al descubrir de qué se trataba, tomó mi pasaporte, empezó a observarlo de un lado a otro y a hacerme preguntas como las siguientes: ¿Cuántas maletas trae usted?, ¿dónde están sus maletas?, ¿qué trae en las maletas?, etc. Pude interpretar fácilmente el sello de amenaza que insinuaban sus preguntas y opté por desistir en mis argumentos, tomar mi pasaporte de las manos del supervisor (con alguna dificultad), recoger mis maletas y salir del aeropuerto. Sin embargo, el malestar, la incertidumbre de no recibir respuestas correctas, la desconfianza y la rabia de saber que a mi país pueden estar ingresando personas como ciudadanos costarricenses sin serlo, no importa de dónde vengan, ha perdurado dentro de mí. Costarricenses, nacer en este país es un orgullo; llegar a ser costarricense para los que no nacieron aquí es algo que se debe alcanzar honestamente; no permitamos más que nuestra nacionalidad pueda ser suplantada o vendida, porque es invaluable.
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