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En defensa de Israel Es la víctima la que define la respuesta a una agresión no provocada, como la que sufrió IsraelJaime Gutiérrez Góngora Los terroristas de Hezbolá y Hamás han prometido terminar con el Estado judío y lanzar a sus habitantes al mar. Hezbolá está organizada más como ejército que como las milicias de Hamás y está siendo dotada con las mejores armas que tienen Irán, gran potencia regional, y Siria. Nunca antes en la historia, una organización terrorista ha contado con equipo militar de tal calidad. El presidente iraní Mahmud Ahmadinejad declaró en octubre del 2005 que "Israel debe ser borrado del mapa", y el líder supremo, el ayatolá Ali Khamenei, se refirió a Hezbolá como "un genuino movimiento islámico cuyo progreso debe convertirse en un ejemplo para todo el mundo musulmán". De manera que las amenazas de los terroristas no son vanas. Muchos líderes de Occidente califican de "reacción exagerada" las operaciones militares que Israel está llevando a cabo en Gaza y Líbano contra Hamás y Hezbolá. No solo están equivocados, sino que representan lo que hay de pusilánime en la defensa de la civilización occidental ante la amenaza global del fundamentalismo islámico. La verdad es que los civiles muertos en Líbano por el fuego del ejército israelita representan una tragedia. La guerra es una tragedia. Tragedia también son los niños israelitas volados a pedazos por los terroristas de Hamás y Hezbolá en un supermercado, por "mártires" que son premiados porque en el paraíso los reciben una cantidad apreciable de vírgenes con ojos negros. Entonces no. Francia, derrotada por el fundamentalismo nazista en 1941, demandaba entonces, en todos los foros, que Estados Unidos apresurara la invasión de Normandía para liquidar a Hitler y liberar a su país. No pedía "proporcionalidad" entonces, pero ahora sí, cuando se trata del pueblo israelita. Es la víctima la que define la respuesta a una agresión no provocada, como la que sufrió Israel cuando Hezbolá cruzó su frontera norte. La defensa no es un derecho, es mucho más que eso. En el caso de Israel, la defensa es un deber biológico para garantizar que jamás ocurra un segundo Holocausto. Su meta, por lo tanto, no es asustar a los terroristas, es liquidarlos. El jeque Hassab Nasrallah, líder supremo del grupo terrorista lo ha dicho con claridad: "Lo que Hezbolá tiene que hacer para ganar es sobrevivir". Definió así lo que Israel tiene que hacer: liquidarlos. Muchos civiles libaneses han muerto por el fuego israelí, pero son víctimas de la agresión no provocada de Hezbolá. El sufrido pueblo libanés tiene que encontrar la forma de establecer su soberanía sobre todo su territorio. Marejada islámica. Israel representa el puesto de avanzada de la civilización occidental ante una ofensiva global del fundamentalismo islámico contra nuestra civilización. El Partido de la Liberación públicamente ha anunciado el propósito de esta marejada islámica: quieren unir el mundo musulmán entero bajo un solo califato con un líder teocrático supremo. Shakar A., su líder, declaró que "la unidad musulmana es algo que es sagrado y no aceptamos que se divida el mundo islámico en 44 países". No sé cuántos costarricenses quieren vivir en un califato. Me imagino que no son muchos. El problema es que los líderes de Occidente que hoy piden "proporcionalidad" han perdido lo que se requiere para que Occidente enfrente y derrote la amenaza que se cierne sobre su civilización. Lo más peligroso para Occidente es la falta de propósito que existe, producto de la ignorancia de lo crítico del momento actual para la preservación de la cultura judeo-cristiana. El desafío más grande de los líderes occidentales es convencer a sus pueblos de la crítica situación de Occidente. El 11 de setiembre de 1941, el entonces presidente Franklin Roosevelt avaló la política actual de Israel al decir: "Cuando uno ve una culebra cascabel balancearse para asestar un golpe, uno la aplasta antes de que lo logre". Y en eso está Israel. Como debe ser.
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