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Viaje al ¿paraíso? Armando Mayorga amayorga@nacion.com Cuando Eva y Pedro tomaron el avión en Barcelona, despegaron con la ilusión de aterrizar en un paraíso: Costa Rica El agente de viajes que les alistó su luna de miel les había llenado la cabeza de ilusiones y les aseguró, y reaseguró, que esto era un paraíso. Las páginas en Internet lo confirmaron: este país es una delicia. Pero, cuando salieron del aeropuerto, se toparon con la realidad. Aquello era un mercado persa. Era una terminal colapsada por decenas de viajeros. Al enrumbarse hacia San José, se toparon con choferes que, en su carrera por llegar a algún lado, manejaban a lo loco, agresivamente, en carreteras por las cuales debían imaginar el carril pues no están demarcados. Al día siguiente, la historia se complicó. En las calles josefinas y en las de la periferia, los choferes manejaban peor, invadiendo el carril contrario y violando, con total impunidad, cuanta norma básica existe. Tal jauría los puso a pensar si tomaban el carro que les contrató la agencia de viajes, porque debían conducir solos de San José al Arenal, de allí a Guápiles, luego a Cahuita y por último a San José. Para colmo, las vías están mal señalizadas, es decir, no llevan a ningún lado. Estaban pensando en eso, cuando en un cruce de semáforo compraron los periódicos y las noticias los asustaron más: la inseguridad estaba en casi todas las páginas, bien retratada. Por ejemplo, el caso de un hombre baleado en Limón para robarle su cadena de oro los puso a discutir si cancelaban el viaje a Cahuita, pero decidieron seguir pues ya lo habían pagado. Este país, en lugar de paraíso, se puede convertir en un infierno para los turistas porque, si a la lista de problemas sumamos el basurero en que están convertidas las calles por ineficiencia municipal (y ahora por la multitud de romeros cochinos), o los miles de huecos, es para decir: "primera y última vez que voy a ese dizque paraíso". Costa Rica, sin duda, debe actuar pronto para cuidar el turismo, su gallina de los huevos de oro, porque, tal como vamos, los ahuyentaremos. Si fuera un destino barato, bien, pero es caro. Para actuar, es preciso que Gobierno y diputados definan ya una política integral de seguridad, con policías en la calle (aún no se ven), y formas de involucrar al ciudadano para denunciar al delincuente. Eso para empezar y lograr que Eva y Pedro se crean, si es que vuelven, que esto es un paraíso.
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