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No es solo Mozart...

Mozart y Schumann, del clasicismo vienés al arquetipo del romanticismo

Manuel Matarrita
manuelmat@hotmail.com
Profesor de la Universidad de Costa Rica

No todos los años uno cumple 250. Por eso el mundo cultural en unísono no ha escatimado esfuerzos en celebrar los dos siglos y medio del natalicio del compositor austriaco Wolfgang Amadeus Mozart, quien es considerado por no pocos como el genio musical más grande en la historia. Pero quizás se ha olvidado un poco de que, cien años después del nacimiento de Mozart, otro notable compositor más bien dejaría este mundo: Robert Schumann. Las vidas de estos dos compositores son en realidad tan disímiles como sus producciones musicales. Mozart despuntó en lo más alto del clasicismo vienés y Schumann se destacó como uno de los arquetipos entre los compositores románticos.

Wolfgang Amadeus era hijo del también compositor Leopold Mozart, y a sus escasos tres años ya demostraba increíbles dotes musicales. Los historiadores nos cuentan cómo la mayor parte de la infancia de Wolfgang transcurrió fuera de su natal Salzburgo, pues se dedicó a viajar como concertista por toda Europa, acompañado por su padre y su hermana Nannerl. Y es que, sin duda alguna, Mozart fue un caso extraordinario de talento y precocidad musical; a la temprana manifestación de su destreza como improvisador e intérprete del violín y el fortepiano se unió el dominio de la composición en todos sus géneros, y su música es considerada por muchos como perfectas obras de arte.

Excéntrico compositor. Por su parte, Robert Schumann no desplegó una brillante carrera como ejecutante. El ser hijo de un vendedor de libros le permitió familiarizarse con las corrientes literarias y filosóficas de su época, en especial de la obra de los escritores alemanes como Goethe, Hoffmann, Eischendorff, Heine y Richter. Además de excéntrico compositor, Schumann fue fundador y redactor de un periódico -el Neue Zeitschrift für Musik- que se convirtió en el órgano difusor de las teorías musicales más progresistas de su época, y con la que intentaba luchar contra lo que denominó "filisteísmo artístico". Mientras Schumann dividía su tiempo y talento intermitentemente entre la literatura y la música, Mozart fue un incansable compositor a tiempo completo. Lo que sí une históricamente a ambas personalidades es su lamentable de-senlace: Mozart murió en Viena a sus 35 años en la más absoluta miseria y fue enterrado en una fosa común; Schumann murió en un asilo mental en Edenich, víctima de trastornos emocionales que le acompañaron la mayor parte de sus 46 años de existencia.

La popularidad de la figura de Mozart como genio de la música se ha catapultado en los últimos años gracias a dos factores: por un lado el filme Amadeus de 1984, puesta cinematográfica más o menos fidedigna sobre la biografía del compositor y, por otra, la serie de investigaciones -¿o será mejor decir estrategias mercadotécnicas?- desarrolladas por Don Campbell conocidas como el Efecto Mozart, que establecen que el escuchar música de este compositor, bajo ciertas circunstancias, favorece el aprendizaje y bienestar emocional, mental y físico.

La música de Schumann, en cambio, sigue siendo ignota para la mayoría del público general y queda su audición casi limitada a músicos y melómanos. La Escuela de Artes Musicales de la Universidad de Costa Rica, como el centro más importante de interpretación y difusión de música de cámara en el país, ha decidido realizar una serie de recitales a lo largo del año en homenaje a estos dos grandes maestros. Estos recitales se presentan entre marzo y noviembre y en ellos se ofrecerán valiosas interpretaciones de obras de estos dos agasajados.

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