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Despojo a la cultura Aurelia Dobles adobles@nacion.com Espacios ganados para la cultura, espacios que hay que defender. La tónica mundana tiende más bien a encogerlos. Por eso, ante el anuncio de don Óscar Arias de ocupar el Cenac como su morada presidencial, morada quedó el alma ante tal idea. Fue el anuncio de un acto de despojo, sin eufemismos: despojo al quehacer cultural, a los hacedores de cultura y al público. Simbólico y material, todo en una y sin contar con Fuenteovejuna. Muy bien que el repitente presidente quiera arroparse en el centro de San José. Pero, señor, hay muchas opciones para estirar la cobija cerquita de donde se encaprichó en meterse. Y puede construirla a su antojo. En cambio, volver a edificar teatros, un gran museo, un anfiteatro, un estudio de danza y otros espacios para la cultura, no creo que usted, tan sobrio que se anuncia en gastos, piense en serio invertir el ojo de la cara de nosotros los ingenuos que nos comeríamos ese cuento. ¡Es tan fácil subirse a lo que otro u otra puso a andar con su esfuerzo! Venir a colocarse en el corazón de un espacio ganado para el solaz de mucha gente exhala autoritarismo y cierto ánimo de entronizarse. Ave, don Óscar, usted debe imaginarse arengando a las masas desde el anfiteatro o saliendo a dar un vueltín por el parque, como en tiempos de don Ricardo. Lucubro: ¿cómo podría la Presidencia usar los teatros tan bien aperados que allí hay? Quizás en el escenario del 1887 sesionaría el Consejo de Gobierno, y el público en butacas podría lanzar aplausos o tomates. Y si en el Teatro de la Danza van a bailarnos a todos, pues con razón, porque nos dejamos. Tal vez en los salones del Museo de Arte y Diseño Contemporáneo, único en Centroamérica, piensen colgar las cabezas de músicos, actores, bailarines, pintores, escultores, escritores y un largo etcétera de creadores y de público devoto, como muestra del contemporáneo arte de no saber defender un bien ganado a pulso, con mucha creatividad, a lo largo de varios años. Y eso de "centro cívico" apela a un pasado decimonónico o, peor, a añejo caudillismo. Imaginemos: los millares de personas que llegan a ese lugar ya no lo harían pues ni modo que la seguridad debida a un mandatario admita la apertura y libertad de tránsito de ahora. Ah, y si por ventura se le ocurre dejar allí algunos espacios para el quehacer cultural, ¡ayayay!, aparta de mí ese cáliz: ¿qué arte independiente ni qué ocho sueños?, ¿con la sombra oficialista y mandataria en la oreja, a-la-parcita? ¿Será que a don Óscar le importan muy poco las creaciones de los costarricenses y se queda con Mantegna y el arte renacentista europeo? Quizás así piensa redecorar el Cenac.
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