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Al Grano Édgar Espinoza edgarespinoza@costarricense.cr Acabo de hacerme a mí mismo el siguiente examen de conocimiento. Si con lo que he aprendido, leído, visto y experimentado hasta ahora pudiera remontarme a la época de los incas, aztecas o mayas, ¿en qué podría yo mejorar su calidad de vida? Este fue el resultado. Me imaginé primero en el Cuzco, en 1450, siendo recibido, como un bicho raro, por el inca Pachacútec, ante quien me identifico como un enviado del futuro remoto y digno portador de novedades para su vasto imperio. Tras observarme suspicazmente en jeans, camiseta del "monstruo", gorra de "Imperial" y chanclas de playa, me acepta la oferta. ... Lo primero que descubro es que los incas desconocen la rueda, vital para movilizar, por ejemplo, toneladas de roca para sus fortalezas. ¡Perfecto! Pero y ¿cómo hago una rueda? No tengo la menor idea. En mi mundo de ahora las veo, las uso, las dibujo y las hago girar, pero ¿cómo fabrico un eje y un aro? Y ¿con qué? Por la noche, entro furtivamente a los aposentos privados de las vestales del monarca, o hijas del Sol, quienes, modosas, se acicalan sus rostros para seducirlo. Cuando les "soplo" que de donde vengo las chicas se hacen en el pelo una vaina llamada blower que les da más caché, me ruegan, eufóricas, que se los haga; pero, de nuevo, ni sé cómo y ni tengo con qué, pues a la secadora aún le falta una eternidad para ser inventada, y al cepillo redondo también. Igual con los aztecas. Me transporto hasta sus dominios en 1516 y, no más al llegar, noto al emperador Moctezuma tiritando de frío con las canillas al viento. Al explicarle que en mi época existen los pantalones (y le enseño mi mismo jeans) para abrigarse mejor, me ofrece a la diosa Xochipilli a cambio de que le cosa unos iguales. Pero ¿cómo se hace un pantalón? A ver: se agarra la tela, se mide, se corta. Muy cerca de allí, los aborígenes juegan felices a la pelota. Sin embargo, al ver que lo hacen de una manera muy sosa, les rajo que en mi mundo del 2006 sabemos hacer "chilenas", "chanfles", "sombreritos", "palomitas". pero, al pedirme que les haga una demostración y no dar yo pie con bola, aprenden por lo menos lo que es una "tuerca". Frustrado, retrocedo al año 803 a ayudar a los mayas de Yucatán, pero, al percatarme del esplendor de su civilización, decido regresar de inmediato antes de que, por inútil, me sacrifiquen en honor a su dios Buluc Chantan, el de la furia, ávido de sangre. De mucha sangre.
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