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Educar para crecer sin temores El estudiante aprende mejor cuando está activamente involucrado en su enseñanzaSherman Thomas shermanthomas_cr@yahoo.com Químico El propósito primordial de la educación es dotarnos de sabiduría para descubrir quiénes somos. Saber quiénes somos nos incentiva a apropiarnos del conocimiento y comprensión de cualquier disciplina y nos ayuda a adquirir el buen juicio para aplicarlo a lo que eleve, de manera sostenible, nuestro bienestar y el de la colectividad. La educación nos enseña a abandonar la obsesión de dominar la naturaleza, para ponerla al servicio de nuestros caprichos y, en su lugar, nos anima a que acomodemos nuestros deseos a lo que demanda la convivencia con un planeta finito. La persona educada se nutre de lo que enriquece su espíritu, es visionaria e imaginativa, generosa y compasiva. Además, cultiva un clima en el cual se valoran la enseñanza y la innovación y se promueve la excelencia en el aprendizaje. El profesor es una persona educada, versado en los temas de su especialidad y diestro en transmitir la belleza y complejidad que se aprecian, cuando se arma el todo, reensamblando las disciplinas que lo conforman. Motivación intrínseca. Al estudiante se le enseña lo que debe saber y no lo que quiere saber. No debe ser tratado como consumidor, cuyas demandas hay que satisfacer, por temor de perderlo como cliente. El deseo de aprender, la autodisciplina y la adhesión a un método, de principios bien enraizados, son atributos esenciales para una educación excelente. El estudiante aprende mejor cuando está activamente involucrado en su enseñanza. Para eso debe desarrollar su criticidad; ser reflexivo e innovador; concebir las herramientas y soluciones para resolver sus dificultades para aprender; crear conocimiento nuevo y no empeñarse solo en reproducirlo. La tecnología puede ser una aliada de la enseñanza, pero no necesariamente mejora la educación de quien aprende. El estudiante exitoso se motiva intrínsecamente y no de manera externa. Asume el compromiso de aprender, dando siempre todo lo que tiene, no solo por la recompensa material que esto signifique, sino por el reto que representa disminuir la ignorancia que posee de su vasto universo interno y externo. Los objetivos de la educación deben especificar la conducta de salida, el conocimiento, las actitudes y aptitudes que el estudiante debe hacer suyos. Esta definición evita seguir rutas equivocadas, porque el camino por donde se transita sólo es irrelevante cuando no sabemos hacia donde vamos. Mediocridad al acecho. El énfasis en la computación y el inglés, por el que se clama, es sensato y entendible. Pero no debe sustituir la formación humanista y cultural que respalda todo conocimiento. La mediocridad que nos acecha, estimulada por la actitud pragmática que hemos adoptado, crea una subcultura que critica, teme y condena el humanismo y nos hace aplicar una falsa lógica, al suponer que el éxito alcanzado por algunos costarricenses, se debe a una educación aceptable y beneficiosa, cuando en realidad, esos logros se dan, a pesar del rechazo a la sabiduría y no por una educación que despierte, afirme e impulse, a poner en práctica, un genuino interés por el bien común. El conocimiento sin comprensión y compromiso con los demás y con el medio causa mucho daño. La venta de freones hizo prosperar a la clase empresarial. Pero hoy estas sustancias están en el banquillo, acusadas de ser los principales culpables de la disminución del ozono que nos protege de las radiaciones ultravioleta que provocan muerte y destrucción. El reemplazo de la sustancia por la pertinencia es global, como lo evidencia la visión mundial tecnocrática y economicista. Se pretende favorecer a una élite, que se dedique a pensar, a razonar, a ser empresaria, mientras los demás son presa de la mediocridad, relegados a una vida superficial y a seguir en los planes de los políticos y pocas veces en sus logros. Invito a quienes el país parece haber sentenciado a ser personas incapaces de conectar su cabeza con el resto de su cuerpo a que tomen la decisión de educarse sin temores, para su crecimiento personal y el de los costarricenses.
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