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El ocaso de un partido ¿Se creerá en renuncia si el renunciante hace gala de militancia y participa en campaña?Germán Serrano Pinto Los partidos políticos son instrumentos creados por los pueblos para la participación en el ejercicio de la democracia. Si no cumplen su cometido o se desvían de su fin primordial, la desconfianza aparece, la democracia enferma y se contaminan los sanos propósitos de su creación, entre ellos el quehacer de las instituciones electorales. En los últimos tiempos, ese fenómeno se ha presentado con fuerza en nuestro país, acompañado de síntomas de corrupción galopante, que amerita un examen de lo ocurrido en la última campaña, tomando un ejemplo que poco se diferencia de su homólogo PLN: "el ocaso de un Partido", o sin eufemismos: "el Partido Unidad y las causas de su aparatosa caída". Para su análisis fuimos convocados por asesores internacionales y expuse las ideas que resumo, acogidas por los presentes. El problema más grave que surge antes del proceso electoral es el cuestionamiento judicial de los tres últimos expresidentes de la República, por hechos graves que aún no se aclaran satisfactoriamente; tampoco existe enjuiciamiento o sentencia condenatoria en su contra, por lo que se presume su inocencia, aunque la duda los ofenda; ni excusa por el trato degradante que sufrieron al ser detenidos con la fanfarria aplicable a los peores delincuentes y enviados dos de ellos a prisión preventiva. Otros altos funcionarios también cuestionados por manejo irregular de fondos públicos. Y el presidente de la República en entredicho por el origen de los fondos de su campaña (dinero procedente de Taiwán) y las cuentas paralelas. Todo sin que las autoridades del PUSC o su Comité de Ética actuaran en consonancia con la gravedad del problema ¿Quién puede creer que una renuncia es verdadera si el renunciante hace gala de su militancia y participa en campaña? Daño irreparable. En la acción partidaria encontramos dirigentes enquistados en su cúpula para no perder espacio político. Ahora ofrecen su renuncia, obtenido el botín y siendo irreparable el daño. Designación de diputados por interés personal, sin importar la representación regional o sectorial ni el carácter nacional de los primeros y más importantes puestos. Para candidato a la Presidencia no se tomó en cuenta experiencia, madurez ni preparación académica. Y se auspició a un incondicional del Presidente en momentos en que su labor es altamente cuestionada por el público, con más razón que sin ella. Tampoco olvidemos los problemas ideológicos y de identidad de los partidos. Herederos del socialismo cristiano de Rafael Ángel Calderón Guardia se inclinaron interesadamente a la derecha hasta compartir con los neoliberales recalcitrantes, pretendiendo cambiar la concepción de Estado social de derecho por la de Estado liberal de mercado, abandonando poco a poco los elementos "social", "solidario" y "bien común", por el de sociedad regida por el mercado salvaje y libre empresa, seguidores de las teorías de rebalse y goteo, de forma que el libre mercado producirá tanta riqueza que habrá un exceso cuyo desborde beneficiará a los de abajo o más pobres ¿Alguien lo ha visto? Algo parecido sucedió en la socialdemocracia. No concuerdo con su Estado empresario al estilo "Codesa": en el anterior gobierno de Arias formé parte de la Comisión Reestructuradora de esa corporación, sin negar mi credo socialcristiano. La identificación de ambos partidos, inclinados a la derecha y el presidente Pacheco compartiendo a ratos el gobierno con Rodrigo Arias, Edgar Mohs y otros del PLN reveló la existencia de conexiones no muy claras que el pueblo jocosamente situó en una supuesta coalición PLUSC. Solo Arias entendió al final de la campaña que se producía una polarización y corrigió el rumbo hablando de los pobres y de eventual renegociación del TLC. Oposición moderada. El TLC con Estados Unidos era otro problema político inmediato. Apoyado por la mitad de los ciudadanos, se dice que lo combate la otra mitad. Óscar Arias, abanderado de los empresarios, se situó firme en aquella posición, en tanto el candidato del PUSC varió varias veces su criterio. Solís asumió la posición inteligente: "No al TLC que provoca perjuicios. Sí a la renegociación del tratado". Así la división de fuerzas fue liderada por Óscar y Otón, y este le quitó al PUSC la bandera de oposición moderada. Ninguna de las causas señaladas operó sola. El PUSC cayó estrepitosamente por el peso de todas ellas ¿Podrá levantarse? Solo si emerge una nueva dirigencia que haga lo contrario de la actual, pero nunca es fácil aceptar errores cuando hay de por medio un compadraje.
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