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Educando Sonrisas Emilio Garreaud pemilio@multimedios.org Sacerdote En medio de un escenario social en donde se constata la presencia de conflictos y rupturas, aparecen de forma paradigmática algunas experiencias de solidaridad y reconciliación que merecen ser destacadas. Muchas veces ponemos mas peso en la denuncia -lo cual puede ser perfectamente justificado-, pero nos olvidamos de resaltar cosas buenas que se suscitan entre nosotros. Se acaba de concluir -con gran satisfacción- una campaña de solidaridad para con los niños mis pobres del país, que se constituye en una de esas luces que iluminan el horizonte con gran esperanza. Muchas veces, para hacer obras de gran envergadura, no se requieren muchos recursos y medios, pero sí un gran entusiasmo, trabajo en equipo y gran perspectiva. Esto lo hemos constatado en la campaña de "Educando Sonrisas". Un grupo de miembros del Movimiento Cristiano agrupados en "Solidaridad en Marcha", junto con la Escuela Social Juan XXIII -dirigida por el entusiasta P. Claudio Solano- y con la ayuda de muchas empresas -de los ramos librero, financiero, farmacéutico, telecomunicaciones, supermercados, bananeras y turismo-, aunaron esfuerzos para ayudar a los niños más pobres de Costa Rica. Contribución paliativa. La meta de la actividad eran los niños más necesitados, que por falta de útiles escolares abandonan el sistema educativo. Haciéndose eco de lo que señala el último informe del "Estado de la Educación" uno "de los factores que inciden en el abandono escolar" es el de "carácter económico". Si bien la ayuda que se brindó no iba a solucionar todas las causas de deserción escolar, de alguna forma sí contribuiría a paliarla, que es un 15,9% -en primaria- de acuerdo con lo registrado en el 2002 (según el informe citado). Los organizadores buscaron afectar las zonas de mayor pobreza y deserción escolar y así llegaron a las familias más afectadas por este flagelo. Se proporcionaron a las familias indigentes los principales útiles escolares para primaria y se consiguió el aporte organizativo de muchas asociaciones solidaristas y de Cáritas para la correcta y justa distribución. La repartición se realizó en zonas urbanas marginales y rurales, en especial en Limón, Guanacaste y Puntarenas. Esta ayuda solidaria también llegó a la comunidad indígena de Grano de Oro en Cartago. Se repartieron 7.500 paquetes escolares que equivalían a más de ¢18 millones. Acciones como estas nos muestran que, cuando existen corazones generosos, se puede ayudar a muchos. Probablemente no se llegue a solucionar todos los problemas sociales en los que estamos inmersos, pero la suma de estas iniciativas sí hace diferencia. La disponibilidad para ayudar al prójimo, para manifestarle amor, a su vez hace al hombre sensible ante Dios: el servicio al prójimo abre mis ojos a lo que Dios hace por mí y a lo mucho que me ama. Evangelio de la Reconciliación. Los conflictos sociales y las diferencias económicas, culturales, étnicas, las discriminaciones, se deben afrontar con una perspectiva de solidaridad y reconciliación, en la que aquellos que tengan para dar más (tiempo, disponibilidad, conocimientos, dones bienes materiales y talentos) se adhieran a la causa de aquellos que en una determinada situación tienen menos o están en desventaja. Felicitamos estas iniciativas -como "Educando Sonrisas"- que presentan de forma viva el Evangelio de la Reconciliación.
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