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Reto del político invicto Sacar a Costa Rica de la postración social y moral que la golpea desde hace añosEnrique Tovar etovar47@hotmail.com Periodista Desde que entró en la política, nunca ha sabido lo que es una derrota en un torneo electoral. No tuvo siquiera que repetir para alcanzar la presidencia de la República. Todavía más, su nombre no hizo fila durante años para que se le diera el Premio Nobel, tal como ha acontecido con muchos de los favorecidos con ese galardón. Indudablemente, Óscar Arias Sánchez es un fenómeno único en la política costarricense, estemos de acuerdo con sus ideas o las impugnemos, nos simpatice o no. Vence y convence aquí y en el extranjero. Fue don Pepe Figueres quien lo descubrió y lo hizo ministro, cargo en el que se le mantuvo en el período presidencial siguiente. Posteriormente fue diputado. Cuando aspiró a la secretaría general del Partido Liberación Nacional, ganó arrolladoramente de primera entrada. En 1983 sometió su candidatura a las primarias del partido, no obstante recibir el rechazo de los expresidentes Figueres Ferrer y Oduber Quirós, máximos dirigentes de su propia organización política. Derribó ese obstáculo inicial. Luego superó electoralmente a quienes se le oponían como aspirante presidencial. Para la campaña de 1986 se ve a un Arias de atrás adelante, pues al inicio las encuestas lo daban como perdedor. Terminó venciendo. A la primera. Como presidente, contra todas las apreciaciones de nacionales y foráneos, se empeñó en abrir el camino hacia la paz en una Centroamérica desgarrada por la guerra. Llegó, vio y convenció en Esquipulas, Guatemala. Le hicieron caso quienes se odiaban a muerte y firmaron un acuerdo para silenciar los fusiles y adentrarse por la vía del diálogo y del entendimiento político. Eso le deparó el Premio Nobel de la Paz cuando fue propuesto por primera vez para ese galardón. Muchos años después, este hombre de talento y de excelente formación intelectual, le hace ver a la Sala Constitucional la monstruosidad de un acuerdo legislativo que prohibía la reelección presidencial pues los diputados en 1969 se habían atribuido el derecho de reformar lo que solo es posible en una constituyente o por medio de un referendo. Su tesis se impuso. Aunque muy ajustado, terminó ganando los comicios del 5 de febrero del 2006 con el propósito de cumplir un segundo mandato presidencial. Ahora, este triunfador que nunca ha sabido lo que es perder, de quien se dice que lo persigue una estrella protectora, se somete al mayor reto de su existencia: sacar a Costa Rica de la postración social y moral que la viene golpeando desde hace años. Si sale avante, ese será el más radiante laurel que habrá de coronar su frente. Y, si no vence, pasará a la historia como el político invicto que perdió en su último y más importante desafío.
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