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Nacionalismo y necedad Andrés Ignacio Pozuelo A. En los últimos años, Costa Rica ha sufrido una transformación impresionante: de un país latinoamericano aislado del resto del mundo, en gran parte debido a la cultura tica de que todo estará bien siempre y cuando nos mantengamos leales a nuestro gallo pinto y otras costumbres minimalistas (como el yodito y el Si Diosquiere), hacia una sociedad heterogénea y pragmática, influidos por la presencia de extranjeros residentes, inversionistas y turistas que dejan pequeñas dosis de sus culturas que aquí vamos inevitablemente absorbiendo como propias, y que nos llevan a ser más ciudadanos del mundo, además de aportar a nuestros bolsillos los imprescindibles dólares o euros que necesitamos. A la vez, y cada día más, estamos rompiendo la gran barrera mental de que solo en Costa Rica se puede vivir bien y en paz, y hemos ido creando nuestra propia diáspora tica hacia diferentes partes del mundo y que se encarga de diseminar nuestras costumbres e idiosincrasia, factores que nos hacen sobresalir como pueblo amante de la paz y la tranquilidad. Profesionales de todas las ramas nos enorgullecen continuamente con sus logros en instituciones como la NASA, universidades, afamados institutos de investigación, grandes compañías transnacionales, equipos de futbol, escenarios artísticos y muchas otras áreas. Variedad y exportaciones. Comercialmente, gracias a los tratados de libre comercio, disponemos -en tanto consumidores- de mayor variedad de productos a precios razonables, mientras el sector exportador da la cara por el crecimiento económico nacional de manera notable, aprovechando también al acceso de materias primas importadas sin impuestos que, eficientemente, transformamos en productos terminados con sello nacional. Ahora bien, si todo esto es en apariencia bueno, ¿por qué de un tiempo a esta parte se escuchan con más fuerza las voces de la intolerancia y el nacionalismo? ¿Será que estamos sufriendo una recaída en la mediocridad del pasado, o acaso ya nos sentimos suficientemente ricos e independientes, al punto de que podemos darnos el lujo de volver al aislamiento que tanto costó superar? Por mi parte, con la frente en alto, me declaro costarricense y ciudadano del mundo, listo para servir a esta gran noosfera, por el bien de todos los habitantes de la Tierra y del planeta mismo.
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