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Enfoque Jorge Vargas Cullell "Es raro el mecanismo de la necesidad que puede convertir el barro en oro" pone Shakespeare a decir al Rey Lear cuando la tempestad lo pilla al descampado y no encuentra refugio. Oro es hoy, para Costa Rica, ese barro llamado petróleo, que compramos a precios tres veces más caros que cinco años atrás. Nuestro país gastará en el 2006 entre el 12 y el 14% de sus ingresos en pagar su factura petrolera. Y, en el futuro, todo hace indicar que se tornará más caro, debido a la inestabilidad política en los principales centros de producción y al creciente consumo mundial. Estamos, aquí y en todas partes del mundo, en problemas verdaderamente serios. La tempestad de los altos precios era previsible y tiene casi tres años de rabiar. La respuesta nuestra ha sido, precisamente, la del adicto a una droga: cuanto más le cuesta conseguirla, más la busca. En vez de restringir el consumo de petróleo, lo seguimos aumentando. Los costos económicos y ambientales, muchas gracias, después vemos. El próximo ministro de energía reabre la posibilidad de la exploración petrolera -"ambientalmente amigable" por supuesto. Y lo peor es que nuestras políticas internas terminan ayudando a los que menos necesitan. Subsidiamos el diésel para favorecer a los productores pero ello ha convertido a los vehículos de diésel en los más comprados por las personas de mayores ingresos: cosa extraña en esta tierra, los más favorecidos terminan pasando el sombrero a los demás. Como ocurre con los adictos, en Costa Rica hacemos vanas promesas de enmienda. Creamos comisiones interinstitucionales para explorar fuentes alternas de energía. Tenemos acuciosos planes pilotos con etanol u otros recursos biomásicos, por aquello de ir tanteando el problema tres años después de que nos explotó. Tomamos la determinación heroica de limitar el acceso del vehículos al centro de San José. Por su parte, el Presidente se lamenta por los cataclísmicos tiempos en los que le tocó gobernar. Dice el bufón al Rey Lear: "Hazle jugar a un dedo el papel del corazón y se llenará de callos sin saber cuándo ocurrió." Un argumento "realista" es que, nos guste o no, somos dependientes del petróleo, por lo que un cambio de nuestro modelo energético está fuera de discusión. Falso pragmatismo. Ya pagamos costos enormes por la dependencia petrolera, que frenan -y seguirán frenando- nuestro desarrollo. Es hora de enfrentar en serio nuestra adicción al petróleo. Nuevas alternativas al transporte de carga, mejorar el transporte público de personas (y desincentivar el transporte individual) y rápida difusión de fuentes alternas de energía constituyen una parte medular de la agenda estratégica del próximo gobierno. ¿Por qué seguir pagando oro por barro?
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