|
|
|||||
|
|
La doble cruz del cáncer Larissa Minsky Acosta lminsky@nacion.com ¿Cómo no sentirse un número insignificante; un ente sin rostro, nombre ni importancia? Martes 18 de abril: el país se despierta de la modorra de un largo feriado y el escenario con que me toca reincorporarme a la "vida cotidiana" es deprimente: hospital México, consulta externa, sección de Oncología (en realidad, TODAS las secciones de este hospital estaban a reventar, pero me limitaré a Oncología). La gente no cabe. Filas de hora y media para llegar al mostrador y reportarse con la secretaria. Un centenar de pacientes débiles, pálidos, muchos con la cabeza cubierta por pañuelos, sombreros o pelucas. Valientes y admirables todos ellos. Dignos todos de la mejor atención, no solo porque son asegurados, sino por la enfermedad que padecen y los tratamientos que reciben. Sin embargo, sucede todo lo contrario: tiempos de espera infinitos, hacinamiento indescriptible, personal administrativo insuficiente y autómata (sonreír, saludar o desear un buen día son gestos impensables, aunque -dichosamente- aún ocurre el milagro de que haya algunas excepciones). Fulanita viene desde Guanacaste a una cita de control, pero su expediente no aparece. Deberá sentarse (si encuentra dónde) y pedirle a Dios que no esté perdido porque, en tal caso, no la atenderá el médico. Detrás de mí, un señor comenta enojado cómo, en pleno siglo XXI, los hospitales de la CCSS no han computarizado los expedientes. Así, los especialistas podrían acceder a la información de cada paciente desde una terminal de computadora. El proceso sería más eficiente, seguro e higiénico. Cuando finalmente llega el turno de entrar al consultorio del doctor (o la doctora), su trato es frío y distante. Pregunta solo lo justo y necesario. Llena mecánicamente órdenes de exámenes y recetas para la farmacia. No los juzgo; yo también perdería la paciencia y la dulzura de carácter con tal recargo de trabajo. Es mucha la demanda y muy pocos los especialistas. Pero el punto es que el enfermo no se merece esa atención. Suficiente cruz es el cáncer con su carga inherente de temor, dolor e incertidumbre. Estos pacientes necesitan apoyo, aliento e información; aunque no lo digan, quisieran tener médicos humanos e interesados, que los animen a seguir dando la batalla. Aquí, debo decir que muchas de las enfermeras de este servicio son ejemplares, por su profesionalismo, calidez y buen trato. El sistema entero colapsó hace mucho tiempo y los responsables no quieren entenderlo. Me entristece pensar que nada cambiará después de esta columna, pero quise escribirla para ser voz de tantos valerosos luchadores que no tienen otra opción que acudir a la Caja, hoy sí y mañana también, en busca de alivio.
|
Enlaces comerciales: |
|||
|
© 2006. LA NACION S.A. El contenido de nacion.com no puede ser reproducido,
transmitido ni distribuido total o parcialmente sin la autorización previa y por escrito del Grupo Nación GN S.A. Si usted necesita mayor información o brindar recomendaciones, escriba a webmaster@nacion.com Apartado postal: 10138-1000 San José, Costa Rica. Número telefónico: (506) 247-4747. Fax: (506) 247-5022. |