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Al Grano Édgar Espinoza ¡Las vueltas de la vida! Ese hombre que al cabo del tiempo logró derribar los más inexpugnables absolutos, hoy, sofisticado y displicente, se erige él mismo, solito, en absoluto. ¡Qué se ha creído! Espulguemos bien esto a partir de su existencia. ¡Qué es esta sino una carrera ininterrumpida de relevos para transmitir valores de generación en generación! Valores como la libertad, el conocimiento, la justicia, el trabajo y otros que, elevados finalmente, y al precio de mucha sangre vertida, a la categoría de derechos, le permiten ahora vivir con cierta dignidad. En consecuencia, nuestra generación, como gran síntesis de ese universo de culturas y tradiciones heredadas, esta supuesta no solo a enriquecerlas, sino también a transferirlas a quienes la sucedan para que, gracias a la inercia natural de la evolución, las sociedades todas se fortalezcan, y las que aún están ayunas de esas conquistas las obtengan. La pregunta cae entonces por su propio peso: ¿Estamos sirviendo de eslabón al resto de la cadena humana que aspira, como nosotros, al privilegio de vivir con decoro? ¿Vamos a poder hacerle al menos la misma transfusión ética y espiritual que recibimos de nuestros predecesores? Me temo que no. El hombre moderno se comporta como si el mundo hubiera nacido con él y fuera a morir con él, o sea, como un absoluto, haciendo gala de la más ostensible indiferencia hacia la calidad de la dote cultural que está obligado a puentear hacia el futuro inmediato. Solo así se explica que, en aras de satisfacer su mezquindad, destruya como nunca la naturaleza, deje sin educación y en el mayor desamparo a la niñez, destroce la familia, saquee las instituciones, trivialice el arte, gobierne para los ricos, viole a mansalva e irrespete la vida en todas sus formas. ¿Qué les vamos a dejar, entonces, a las nuevas generaciones? ¿Un campo de exterminio moral? ¿Una sociedad devastada por la patología consumista y los odios que esta engendra? ¿Acaso el dibujito de un árbol para que sepan lo que este era? O ¿así pistolota para que sobrevivan a este fuego cruzado? Y ¿qué les vamos a decir? ¿Que no salgan a la calle porque las rajan, que no manejen porque las "bajan", que no compren porque las estafan, que no vayan al colegio porque las violan, que no crean en sus líderes porque las engañan y que no se defiendan porque las acribillan? Nos hemos convertido en el vientre de una generación con el futuro castrado.
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