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El arte de educar es educar con arte Más recursos a la ciencia y la tecnología en detrimento de las humanidades y el arteAmalia Chaverri Con el título La educación artística: construyendo capacidad creativa para el siglo XXI, se reunieron en Lisboa alrededor de mil personas entre ministros, viceministros y técnicos en educación y cultura (asiáticos, occidentales, orientales, islámicos), convocados por la Unesco, para "discutir" al respecto. Como invitados y oradores especiales, personalidades de alto nivel académico de universidades de Canadá, Europa, Asia, Estados Unidos, así como representantes de ONG que propician el tema. La convención responde a un momento crítico de la historia de la humanidad: fragmentación social, violencia urbana y ecológica endémica, grupos migratorios, diversidades culturales, intolerancia sin freno. Y se argumenta, entonces, que las sociedades de hoy requieren ciudadanos con inteligencias flexibles, con habilidad para una comunicación verbal y no verbal creativa, con capacidad para pensar crítica e imaginativamente, y con entendimiento de las diversidades y de las relaciones interculturales. ¿Cómo lograrlo? Vehículos de conocimiento. Lo primero que se planteó, en aras de mejorarlo, fue el desajuste que se ha dado en el proceso de desarrollo de los dos hemisferios del cerebro, y que ha desembocado en una oposición cognitivo vs. emocional, racional vs. sensitivo. Producto de lo anterior es que se han dirigido más tiempo y recursos hacia la ciencia y la tecnología (ponderando el hemisferio de lo cognoscitivo), en detrimento de las humanidades y del arte, que se perciben como producto más que como proceso. Se argumenta, entonces, la necesidad de recuperar el necesario equilibrio entre ellos ya que, si bien funcionan con ritmos y dinámicas diferentes, ambos son vehículos de conocimiento. Fue importante conocer las estadísticas pues mostraron una estrecha relación entre una buena educación artística en la escuela y los resultados positivos en otras materias, como Ciencias y Matemáticas. Cuanto más estrecha sea la relación de los estudiantes con las artes, con la educación artística, y cuanto más permeado esté el ambiente familiar de una actitud positiva hacia el quehacer artístico, se logra, no solo mejores estudiantes en todas las materias, sino que mejores ciudadanos. El concepto englobante de todo el "pensar" de la convención fue el tema de la creatividad, entendida como el producto de un trabajo con la imaginación avivada por la chispa de la sensibilidad. La creatividad se concibió, por un lado, como sinónimo de educación artística: esta es de por sí creativa; por otro, como una destreza y cualidad que se adquiere producto de la importancia que se le otorga a la imaginación. Ello lleva al meollo del asunto: el desarrollo de la creatividad beneficia el espíritu de los estudiantes, así como sus capacidades en otras disciplinas: Ingeniería, Arquitectura, Medicina, problemática social con todas sus variables, entre otras. Doble función. Sin embargo, la educación artística no se concibe como la panacea. Debe entenderse en su doble función: es una forma de despertar la mente de los niños y jóvenes hacia las humanidades y las artes y, como consecuencia, generar en ellos destrezas y calidad de vida para su futuro. Es también pensar que el hombre es mente y cuerpo, que el conocimiento se adquiere por una estrecha conjunción entre ellos y que el cuerpo no es solamente el medio de transporte de ideas hacia la cabeza. A partir de todas las experiencias, expuestas desde contextos variados e ilustradas desde diversas disciplinas, se concluyó, contundentemente, que es imperativa una educación integral a partir de un justo equilibrio entre disciplinas. Se persigue precisamente la construcción de actitudes tolerantes, el mejoramiento de la inclusión social, una mejor vinculación con "el otro", y un afianzamiento de la identidad de niños y jóvenes. ¿Es una propuesta nueva? No. Lo han dicho muchos y en muchos contextos. Ahora, que se plantea como un llamado a nivel mundial, posiblemente el clamor sea oído con más atención. Pienso que el arte de educar es educar con el arte.
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