|
|
|||||
|
|
En el país de las filas Juan Fernando Cordero jfcordero@nacion.com Las filas en los bancos, sobre todo estatales, son como el pecado original: llegaron sin que las pidiéramos y no podemos hacer nada ante ellas. De hecho, el cliente las asume con una mezcla estoica de resignación e impotencia, y le preocupan cada vez menos. Son, por así decirlo, filas asumidas. De un tiempo para acá, a las imágenes de gente tostándose bajo el sol mientras abren la sucursal bancaria, empezaron a sumarse otras escenas más preocupantes: las vigilias nocturnas para obtener matrícula en los centros de enseñanza. Es decir, la educación pasó de ser gratuita y obligatoria a no totalmente gratuita ni obligatoria y a convertirse en un bien de mercado por el que había que pugnar. Pero, animales de costumbres, a fin de cuentas, terminamos -de nuevo- por dar como hechos normales esas malas noches a la intemperie. Con esa tendencia a cuestas, no era de extrañar que un nuevo germen, en incubación desde hacía mucho tiempo, brotara con toda su fuerza en la que es quizás el área más sensible de la sociedad: la salud. Una información de este diario, el pasado domingo, le puso cifras a estas otras filas de madrugada, que de igual forma pasaron a integrarse al paisaje urbano y rural: 110.000 pacientes en lista de espera en todo el país, 52.000 en busca de cita con un especialista y 14.000 enfermos aguardando la programación de una cirugía. ¿No deberíamos estar hablando, más bien, de atención médica pronta y cumplida? Eso no parece inquietar mucho a los representantes de la CCSS, que enmarcan el problema en palabras complicadas y engañosas: "Política para la gestión de listas de espera", "redireccionar el quehacer institucional hacia una gestión adecuada", "complejidad de la coexistencia entre recursos materiales y humanos". Quizás los pacientes tengamos parte de la culpa, por el abuso en la demanda del servicio, pero la responsabilidad principal es de los entes rectores y ejecutores en el campo de la salud. Hay un acumulado de ineficiencias y de señales de alerta sin atender durante muchos años, que hoy pasaron la factura y transformaron las soluciones en una labor titánica aún pendiente, pero no imposible. Y eso es lo que se requiere: gente buena que haga bien su trabajo y enderece la nave de una vez por todas.
|
Enlaces comerciales: |
|||
|
© 2006. LA NACION S.A. El contenido de nacion.com no puede ser reproducido,
transmitido ni distribuido total o parcialmente sin la autorización previa y por escrito del Grupo Nación GN S.A. Si usted necesita mayor información o brindar recomendaciones, escriba a webmaster@nacion.com Apartado postal: 10138-1000 San José, Costa Rica. Número telefónico: (506) 247-4747. Fax: (506) 247-5022. |