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En Guardia Jorge Guardia Quirós jguardia@nacion.com Algunos insten en que la reforma fiscal, para ser efectiva, debe ser esotérica y técnicamente complicada. Yo, no. Encuentro más mérito en una ley sencilla, pero con garra, que levante la carga tributaria a niveles conmensurables con las necesidades del desarrollo. Por eso, recomiendo leer con atención el editorial de La Nación sobre el flat tax, publicado en la edición de ayer. Es un enfoque novedoso, coincidente con lo pregonado por otros economistas y políticos, conducente a una negociación política estratégica para romper el círculo de ingobernabilidad. Don Óscar desea más recursos para educación, infraestructura, tecnología y obras sociales. Eso es legítimo. Pero la chequera no da. Ni gozará de mayoría en el Congreso. Tendrá que concitar el apoyo de alguna fracción legislativa. La pregunta es cuál. Si insiste en el fallido plan fiscal de don Abel y Mario Redondo (quienes, al parecer, no han aprendido la lección), se estrellará frontalmente con el Movimiento Libertario. Tampoco tendrá el aval de la nueva fracción del PUSC (el mero, mero, no los dejará condescender con impuestos para exonerar a los ricos ni estrujar la clase media). Y negociar con el PAC será aún más difícil. Ottón, Salom y Elizabeth Fonseca (la nueva estrella legislativa) le exigirán, a cambio, todo un plan de gobierno y un compromiso sobre el TLC que, quizás, don Óscar no quiera, siquiera, contemplar. Y aquí se abre una nueva ventana de oportunidad. Otto Guevara, al parecer, favorecería una reforma fiscal integral que genere más ingresos, pero con una estructura más sencilla, neutral en la asignación de recursos, que no penalice el ahorro ni la productividad y sea compatible, además, con mayor equidad. Y eso lo encuentra en el flat tax: impuesto único sobre los contribuyentes (sin excepción), aplicable a todos los ingresos de fuente costarricense y con un régimen de deducciones muy estricto, para llegar a la renta neta de manera sencilla, que todos entiendan y cumplan voluntariamente, sin privilegios para nadie. Si se abre esta ventana, el cambio de actitud de los libertarios sería radical y constructivo. En vez de entorpecer la reforma, más bien la apoyarían. Pero para hacer justicia y ayudar a los menesterosos, no debe ignorar el gasto público, las pérdidas del Central ni otras reformas conexas. Si don Óscar desea romper el impasse para poder avanzar, respetuosamente le aconsejamos invitar a un cafecito a Otto Guevara, Mario Quirós y Evita Arguedas, la hermosísima jefa de fracción. Le conviene. Pero, ojo: con Evita hay que evitar hacer envites o promesas. Es muy lista. Al oído, solo las bondades del flat tax. ¡Nada más!
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