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Nicoyanos encienden sus hornos de barro Oliver Pérez Corresponsal Nicoya. Guanacaste. Alba Enríquez Gómez encendió ayer su horno de barro para preparar las rosquillas que los guanacastecos ponen en su mesa durante esta Semana Santa. Los platillos a base de maíz forman parte del menú tradicional de estos días en esa zona. Nicoyanas, como Enríquez, una abuela de 76 años, mantienen viva la tradición de alistar rosquillas (bizcochos hechos de maíz y queso), tanelas (una especie de tamal dulce de maíz) y empanadas de maíz rellenas de queso y azúcar. "Cocino para mi familia. Tengo varios hijos que viven en San José y esperan sus rosquillas cuando vienen a visitarme", comentó. La tradición manda a cocinar estos productos en grandes hornos hechos de barro que mantienen aún ciertas familias en sus patios. Las recetas de todos estos platillos pasan de una generación a otra, aunque cada vez son menos los guanacastecos que dejan un espacio para sus hornos de barro en los nuevos sitios residenciales. "Aprendí de mi mamá. Ella me enseñó las recetas", contó la mujer, quien horneó ayer con un grupo de vecinas de su barrio, en La Cananga de Nicoya. El trabajo de moler el maíz, preparar la masa, hacer las rosquillas y hornearlas lentamente suele ser una tarea compartida. Familiares, amigos y vecinos suelen reunirse para hornear, tarea que se convierte en una verdadera fiesta donde los varones tienen usualmente el rol de llevar la leña para preparar el horno. Variado menú. Muchos de estos productos, como las rosquillas, son un gran atractivo en sodas y comercios tanto para consumidores nacionales, como para turistas. Una bolsa de rosquillas cuesta entre ¢600 y ¢1.000. Por ser un producto cada vez más escaso, hay quienes cobran mucho más. Las bebidas como el chichime (hecho a base de maíz de grano morado) acompañan la oferta gastronómica de la pampa. En el verano también es típico tomar vino de coyol, una bebida extraída del árbol del coyol que crece en las regiones secas. El típico vino de coyol se obtiene al cortar el coyol y hacer un orificio en la corona del tallo. En ese punto se acumula un líquido que se fermenta y queda listo para el consumo de los fanáticos de esa "espiritual" bebida.
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