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Enfermos asumen espera como parte del padecimiento ¿Qué nos queda?", se pregunta con resignación Marta Vega mientras intenta calentarse afuera de la clínica Francisco Bolaños Araya, en Heredia centro. Es de madrugada, está oscuro y las calles heredianas están vacías, pero Marta ya está sentada en la entrada del centro médico.
Junto a ella, su desconocida compañera de espera, Rosa Ramón Aguilar, de 24 años, también hace fila resignada. Son las 2 a. m. del jueves 30 de marzo. Rosa fue la primera en llegar allí envuelta en un grueso suéter. Solo este esfuerzo madrugador le asegura que su hija será atendida ese mismo día por un odontólogo. "Yo saco cita y luego voy a dormir y viene mi marido con mi hija". Tras ella, a las 3 a. m., llegaría Carlos Serna, de 31 años. Él sabe que hasta las 6 a. m. empieza el reparto de fichas, pero es consciente de que si no está ahí horas antes será difícil que lo vea el dentista. "Esta es la única opción que tengo para la salud. Antes, cuando tenía un trabajo bien remunerado, iba al médico privado. Pero en la consulta privada el precio es de ¢15.000 por una extracción y ¢50.000 un conducto, y ahora no puedo pagarlo", dijo. A las puertas de la clínica la llegada de taxis y carros es cada vez más frecuente, el centro médico no comienza su actividad hasta las cinco y media de la mañana, justo cuando la luz comienza a alumbrar la espera de los pacientes y para esa hora hacen fila unas 50 personas.
Los últimos en llegar asumen que muy probablemente no podrán ser atendidos y tendrán que ser más madrugadores al día siguiente para poder conseguir un campo. Pero no hay ceños fruncidos ni discursos de exasperación; solo una actitud de resignación que se contagia de un paciente a otro. Los afortunados, que han conseguido cita para encontrar alivio a sus padecimientos tendrán que continuar con su espera, pero ahora ya dentro del centro médico que ha abierto sus puertas. La misma historia. Los madrugadores y las largas listas de espera, el aire resignado de los que asumen que tendrán que volver al otro día, se reproduce sistemáticamente en otros centros públicos de salud. En la sala de espera del Ebais de Tejarcillos, en Alajuelita, San José, encontramos el 31 de marzo a María Cruz, de 77 años de edad. "A las seis de la mañana vino mi nieto y me cogió cita para las ocho. En estos momentos son las 10:30 de la mañana y todavía sigo aquí".
En este centro de salud, el espacio que separa a doctores y pacientes queda visiblemente diferenciado por una reja. Tras pronunciar el nombre del paciente, el guarda abrirá una puerta con barrotes de hierro y dejará entrar al enfermo, para poder ser examinado en la consulta. Los pacientes aseguran que tras las rejas hay verdaderos profesionales de la medicina que los atienden con dedicación e intentan poner remedio a sus padecimientos. Sin embargo, la capacidad de espera del costarricense se sigue poniendo a prueba en los Ebais, clínicas y hospitales del país. Cifras oficiales de la CCSS indican que hay 110.000 pacientes en lista de espera en todo el país. De ellos, 52.000 procuran cita con un especialista, de ellas, 14.000 aguardan por una cirugía programada. En las personas que hacen espera parece que se retiene el grito, que la protesta se congela y los pacientes se vuelven pacientes.
La espera es un acto completamente asumido, es un padecimiento resignadamente y conscientemente añadido a la enfermedad. El tiempo que un paciente tarda en ser atendido puede ser de dos horas, un mes, incluso un año. Una de estas personas es Rosario Vargas, quien tiene la cita con el cardiólogo el año entrante. Otra es María Eugenia Valenciano, de 58 años, que tras recibir consulta en el hospital México por un problema de nódulos en el cuello, ignora cuándo será operada. Estas personas no se conocen entre sí, pero han compartido algo: la espera, en alguna silla, a la entrada de alguna clínica, y la han hecho con paciencia.
'Cuidacampos' hacen negocio con filas De las largas filas de espera de los hospitales y clínicas surgen figuras como la de Rónald Murillo. Este hombre, de 45 años de edad, ha conseguido "profesionalizar la espera" de los servicios médicos. A las 3.30 a. m. del jueves 30 de marzo, llegó a las escaleras que anticipan la entrada a la clínica doctor Francisco Bolaños Araya, en Heredia centro, para guardar un campo en la fila de pacientes que acuden a sacar citas médicas. Para Rónald, pasar varias horas esperando por un espacio en algún centro médico significa un ingreso económico. "Vengo para sacar cita para dos amigas que tienen hijos pequeños y no pueden dejarlos con nadie para venir a conseguir campo. "Esta vez estoy aquí concretamente para la consulta de odontología y ellas me pagan entre ¢1.000 y ¢1.500 por conseguir el espacio la cita". De esa forma, se consigue un ingreso mensual. Rónald repite esta situación cada día. El hecho de vivir a solo 600 metros de la clínica y del hospital de Heredia, hace más fácil su tarea de acudir en la madrugada. "Los días que tengo que ir al hospital para sacar cita en pediatría voy en pura carrera porque solo hay 20 campos y tengo que llegar sobre las tres de la mañana", dijo. Necesarios. Juan José Bolaños se dedica a la misma actividad. Ambos "guardafilas" son producto de la necesidad de aquellos que precisan ser atendidos y no pueden hacer frente a la espera. Este es el caso de Caterina Vázquez, de 23 años de edad, cuya hija lleva dos meses sin conseguir los papeles para el seguro médico porque cuando llega al centro de salud ya no hay campo. "Yo tengo una hija pequeña y no puedo dejarla con nadie, así que espero a que sea un poco más de día para venir con ella, pero entonces lo que me encuentro es que ya no hay campo", asegura.
Embarazada, de 57 años, deberá esperar 10 meses para ultrasonido Mercedes Murillo, de 57 años de edad, tiene cuatro meses de embarazo y en la sala de espera del hospital San Vicente de Paúl, en Heredia, quedó desconcertada con la noticia de que hasta dentro de 10 meses tiene cita para someterse a un ultrasonido para conocer el estado de su bebé. "¡Cuando me toque vendré con el chiquito!". Y agregó: "No es posible tan tarde si la doctora me mandó urgente". El embarazo de Mercedes es considerado de alto riesgo por los médicos, porque además de su edad es diabética e hipertensa. Empero, en el hospital herediano le dieron cita hasta enero. "No esperaba este embarazo, pero ya que sé que voy a tener un bebé me gustaría que me hicieran todos los controles para que el niño esté bien", declaró. Esta mujer, ama de casa, no puede ni tan siquiera pensar en la posibilidad de acudir a una consulta de medicina privada. "No puedo pagarme un médico privado. En la clínica privada Santa Fe un ultrasonido cuesta ¢25.000 y mi marido gana ¢35.000 trabajando en la construcción, entonces, ¿qué nos queda?", dijo. El 20 de marzo, La Nación informó de que la lista de espera por ultrasonidos, a nivel nacional, era de 30.000 personas. Ella, es una más.
En pocas palabras Daisy Corrales Díaz Asesora de presidencia ejecutiva de la caja 'La CCSS puede atender a todos' ¿Cuántas personas están en lista de espera en este país? Tenemos 110.000 pacientes en lista de espera, sumando consulta externa (49%), procedimientos (39%) y cirugías (12%). ¿Sienten que pueden enfrentar la demanda de pacientes? La CCSS sí tiene la capacidad para atender la demanda de pacientes. La junta directiva emitió una política para la gestión de listas de espera que redirecciona el quehacer institucional hacia una gestión adecuada. ¿Cuál es la principal causa de las demoras? La complejidad de la coexistencia entre recursos materiales y humanos y la necesidad de un uso adecuado de los servicios por parte de los pacientes.
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