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En Vela Julio Rodríguez envela@nacion.com El sector del parque Morazán contiguo al hotel Del Rey -su epicentro- es un bazar sexual globalizado, según el reportaje de La Nación de ayer. Ahí departen, comparten y reparten damas de todo linaje y procedencia, aun de Europa del Este, en forma autónoma o de la mano de sus proxenetas, ante los ojos hambrientos de los compradores machos, dólar en mano y mano a la cartuchera. Ahí, pese al plurilingüismo, las señales o un simple mohín hacen el milagro de la comunicación entre el eufemismo de las trabajadoras del sexo y el realismo de los empleadores por sexo, en la época del posmoralismo o de la moral light, cuando el lenguaje se rige por lo políticamente correcto, y la moral, por la limpieza. El refinamiento resulta total y la reina, en Del Rey, es la ley de la oferta y la demanda, con el valor agregado de la tecnología, que documenta para la historia personal, mediante el video, la competencia febril del tálamo. Las mujeres cobran $100 por hora de trabajo o $500 por toda la noche, ellas de claro en claro o de turbio en turbio, como don Quijote, de acuerdo con las solicitaciones periódicas del turista sexual, el becerro de oro del mundo moderno. Lo que pase entre bastidores en Del Rey no nos importa. Dicen, además, las autoridades municipales y el ICT que la vigilancia en el parque Morazán, en Del Rey y en todos sus dominios sexuales o lúdicos es estricta y allí la ley prevalece. Para un regio gerente el hotel es solo "lugar de encuentro" (¿no estamos en la era del diálogo y el conocimiento?), un alto funcionario del ICT "no tiene conocimiento de que se fomente la prostitución, no hay actividades ilegales -dice- y Costa Rica no necesita ser presentada como un destino sexual, pues la imagen del país se ha basado en su naturaleza y en la aventura". Para el municipio josefino "ellos tienen los permisos en regla". Según un jefe de Seguridad Pública, "la publicidad se hace de boca en boca". Y el PANI -loado sea el cielo- "no ha detectado anomalías". Así pues, tenemos la conciencia muy tranquila. Todo está en orden y, si ocurre un terremoto, podemos morir en paz. El único problema es que algunos huéspedes del hotel hablan de Costa Rica como "las Naciones Unidas del Sexo"(NUS), "el paraíso de los fornicadores" o "la Tailandia del patio trasero de Estados Unidos o de Europa", y en Internet se pinta a nuestra patria-matria, la de más maestros que soldados, más pachucos que intelec- tuales y más conchudos que gente honrada, como un paraje sexual inigualable. "Conquistaron tus hijos, labriegos sencillos, eterno prestigio, estima y honor"...
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