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En Guardia Jorge Guardia Quirós jguardia@nacion.com Celebro mucho la designación de Leonardo Garnier como ministro de Educación. Sin duda, un gran acierto de Arias y una garantía para los educadores y la juventud. Leo -como afectuosamente lo llaman los amigos- es un educador por los cuatro costados, a tiempo completo, sin tregua ni descanso. Educador, toda una vida, en la Facultad de Ciencias Económicas de la UCR, donde ha impartido diversas cátedras de Economía. Educador, como consultor internacional, donde ha sabido enseñar a los destinatarios de sus informes -gobiernos, entidades o personas- el abecé de los temas investigados. Educador, como comunicador en radio y televisión, donde supo compartir sus conocimientos con el público. Educador, desde su leída columna, Sub/versiones, donde todos (hasta los más pintados) aprendemos algo por semana. Educador, como padre de familia, compañero y amigo inseparable de su esposa y sus hijas. Y educador, al fin, con el ejemplo de una vida intachable. Siendo previsor, puso en blanco y negro lo negro y lo claro de la educación, sus debilidades y retos y el futuro brillante para nuestros hijos si lo dejamos actuar. En su última columna se confesó, ya, ministro y resumió así su pensamiento: Educar es algo más que enseñar a leer, escribir, sumar o multiplicar; es enseñar a reír y llorar, a trabajar duro para poder competir, a confiar y desconfiar, a respetarse y respetar, a esforzarse y exigirse cada vez más, a superarse y disciplinarse, a compartir la merienda (cuando hay) y la amistad en los recreos, a divertirse y jalarse tortas (moderadas) pues de ellas también se aprende. Educar es enseñar, con buena letra y un garabato, a ver la vida en su totalidad..., 200 días al año. Como ven, Leo es un "carajo" con toda la pata, visionario, sesudo y bueno. Pero no, por bueno, es flojo ni carente de rigurosidad. No piensen que su afable sonrisa, su poblado bigote y generosa melena (a lo hippie de los sesenta) simbolizan la puerta de entrada a la condonación, vagabundería o complacencia educativas. ¡Qué va! Aunque de mediana estatura, como Napoleón, está a la altura de los más pintados. Pero no las tendrá todas muy fácilmente. El gremio educador es difícil, unido y liderado por dirigentes hábiles, dedicados y peleadores, dispuestos a enfrentarse con cualquiera, aun los más pintados, por defender a su gran familia. ¡Suerte, Leo! Tus colegas de La Nación, en verdad, te deseamos mucha suerte. Porque la vas a necesitar. Y en los momentos de angustia y soledad, inherentes a todo ministerio, recuerda el undécimo mandamiento, el único que -según Marín Cañas- faltó en el sabio decálogo de Dios: ¡No aflojar!
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