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Inducir a la violencia Víctor Hugo Murillo S. vhmurillo@nacion.com Es inminente una sanción al estadio Ricardo Saprissa por el comportamiento bochornoso de un sector de aficionados durante el partido contra Toluca la semana anterior. Será la segunda ocasión, en muy poco tiempo, en que esa instalación recibirá un castigo para juegos internacionales. En este último caso, resulta particularmente grave que la invasión a la cancha y el lanzamientos de objetos fuese justificado por dirigentes morados, entre ellos el gerente, Jorge Alarcón, y Jeaustin Campos. Las invectivas que estos y el director técnico, Hernán Medford, dirigieron contra los árbitros -sobre todo contra el línea Luis Román- son reprobables por el tono que emplearon. La fase final del Torneo de Clausura está por iniciarse, y quienes de una y otra forma tienen vinculación con el futbol deben tener en cuenta las posibles repercusiones (más allá de castigos) que pueden acarrear sus manifestaciones verbales. No solamente se ejerce la violencia por medios físicos; a menudo esa es una continuación y una consecuencia de lo que se dice en medio de estados de ánimos exaltados. El balompié, como el deporte en general, implica pasión y nunca estará exento de controversias, mas estas vicisitudes no pueden emplearse para aprobar, soslayar o inducir situaciones como las vistas en San Juan de Tibás. No es este el único mal ejemplo; todavía está muy fresca la agresión a mansalva que el presidente del Club Sport Herediano, Aquil Alí, propinó al árbitro Édgar Durán y por la que se le impuso una multa de medio millón de colones (para ese empresario debe ser como los ¢175 que pago a diario por viajar de San Isidro de Coronado a la capital). Si algunos de quienes tienen en sus manos la conducción de los equipos se desbocan de cuando en cuando, ¿cómo hacer con la afición para que guarde una conducta decente y respetuosa? Mucho de quienes disfrutamos del balompié (me atrevo a decir que la gran mayoría) no queremos que la emoción de un partido, incluidas las discusiones que produce, transformen un espectáculo público en un circo romano. Se aproximan cotejos en los que los intereses y las expectativas de clubes y aficionados estarán en primera línea. La seguridad y la cordura en los estadios no es solo cuestión de destacar policías. Empieza por saber actuar.
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