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El especialista: Más grave de lo esperado Miguel Gutiérrez Economista Recientemente el INEC presentó los resultados generales de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIG). Muchos esperábamos la publicación de esos resultados por las características, oportunidad, trascendencia e implicaciones de los resultados, entre los que cabe destacar la medición más precisa, sobre una base más rigurosa y consistente de observación, de los ingresos y gastos de la población. También la esperábamos porque no se disponía de información de este tipo desde hace 16 años, como se venía señalando insistentemente. Pues bien, el panorama que dibujan los resultados de la ENIG son más graves en materia de profundización de la desigualdad y la ampliación de brechas que lo que ha mostrado anualmente la Encuesta de Hogares. Así, la mejor medición disponible arroja resultados que muestran un proceso de alto crecimiento y concentración de los ingresos en estos 16 años. Los ingresos reales, en promedio, crecieron en un 33,7%; el 20% de ingreso más alto disfrutó un crecimiento de su ingreso de un 67,9%. El 40% de ingreso más bajo vio reducirse su ingreso real promedio: -13,9% el más pobre y -2,7% el segundo 20 % de hogares. Todos los hogares pudieron tener un ingreso por persona creciente, porque casi todos los hogares tienen hoy en día un miembro menos, en promedio. El 20% de más alto ingreso tuvo un crecimiento del ingreso por persona del 95,6%; el 20% de menor ingreso un 6,7% de crecimiento. Actualmente el 20% de los hogares de mayor ingreso, con solo el 16% de la población, posee el 52 % del ingreso del país, mientras que el 20% de menor ingreso logra apropiarse del 4,6% del ingreso, y el 80% de los hogares, con el 84% de la población, obtiene el 48,0%. Esto se da sobre una redistribución hacia los sectores de mayor ingreso. El 20% de los hogares de ingreso más alto lograron en estos 16 años ampliar su apropiación del ingreso en unos 10 puntos porcentuales, alrededor de una cuarta parte de sus ingresos iniciales. Por su parte, los de menor ingreso perdieron capacidad de apropiación de 2 puntos porcentuales, esto es, un tercio de sus ingresos iniciales. Los sectores medios (40% de los hogares de ingreso medio) también perdieron de su parte del ingreso total, en unos 7 puntos porcentuales. Esta redistribución de gran magnitud solo favorece a los de más elevado ingreso. Para ellos, pero solo para ellos, hay buenas noticias. En la práctica, ya era conocida la situación y el enojo no se había hecho esperar, comenzando contra el sistema político. Por cierto que la encuesta aporta elementos y datos duros para una discusión de la mayor importancia, y que apenas comienza, sobre los impactos sociales de la adopción de un nuevo estilo de desarrollo, que también obliga al sistema político a responder en términos programáticos.
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