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En Vela Julio Rodríguez envela@nacion.com Velia Govaere Vicarioli, costarricense, ha sido, gracias a sus grados académicos, a su cultura y a su experiencia, una de las arquitectas del proceso de aprobación del TLC en Nicaragua. Forma parte del grupo de compatriotas que ha puesto sus conocimientos al servicio del hermano país: una larga y fecunda historia recíproca. Su artículo de ayer, en la sección de Opinión de este periódico -"Al toro por los cuernos" (singular armonía de calidad estilística y dominio del tema)-, nos invita a la reflexión y a la acción, tras tantos años de miopía, desidia y miedo ante los grandes desafíos que nos acosan y las espléndidas oportunidades que nos invitan. Ya no hay pretextos ni nublados del día que nos retrasen -dice- y nuestros vecinos centroamericanos se frotan las manos por nuestra inercia. Y sentencia: "Por mucho que se baile con el toro, mientras no se afronte, seguirá en el ruedo, desafiante". Esta frase cabal describe nuestra mentalidad, documentada en las fiestas de Zapote en los "toros a la tica": un grupo de personas danzando alrededor de un toro, más medroso que los toreros, donde el sumo valor no es hacerle frente, capote en mano, sino acariciarlo, jalarle el rabo y salir en carrera. Eduardo Ulibarri escribió aquí, el 31 de marzo pasado, un artículo concluyente y aleccionador: "¿Ideología? Paranoico". La enfermedad -comenta- de América Latina -y la de ciertos sectores ticos- es la paranoia: "atribuir a agentes malévolos las causas de nuestros problemas; trasladar a terceros las responsabilidades propias y usar las teorías conspirativas como marco para el análisis", lo que, sumado a la escasa lectura y la oxidación ideológica, produce catástrofes sociales y económicas. En fin, el miedo a ver los hechos y las personas de frente para no asumir compromisos, junto con la desaparición del sentimiento de culpa. La doble dimensión, en suma, de la responsabilidad: de algo y frente a los otros. En las horas dramáticas de nuestra historia siempre ha surgido un hombre o una mujer que, con un equipo pensante y actuante, ha tomado al toro por las astas. Uno de esos fue Juan Rafael Mora, el líder de una gesta sin paralelo en la historia de América Latina y del mundo, la Campaña Nacional, cuyo sesquicentenario conmemoramos este año, como, en estas páginas, lo han comentado recientemente, con justicia y penetración, Clotilde Obregón, Iván Molina y Armando Vargas, en espera de una película, algún día, de alcance universal y, sobre todo, de su conversión en el capítulo más denso e inspirador de la educación costarricense. Ni paranoia ni toros a la tica.
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